jueves, 25 de mayo de 2017

CUADRILLAS PORTUGALUJAS: 1950 LOS AUSTRIOS


 Entre el rico material fotográfico del archivo de la familia Garitaonandia-Adan recogemos hoy algunas de las fotos de la cuadrilla de amigos que utilizaron el nombre de Los Austrios tanto en las fiestas de San Roque como en los partidos benéficos que a favor del Hospital-Asilo participaron, correspondientes al año 1950.
La foto superior corresponde al día de San Roque y en él se reconoce a Escribano, Orsi, Pedro López, Jesús Egaña, Luis Garitaonandia, Escribano, Gerardo Garitaonandia, al txistulari Cuesta y varios otros de Sestao.
La pancarta dice:
PARA JUERGA Y HUMOR AQUI VENIMOS LO MEJOR.
Mientras San Roque nos ilumine y haya "pitarra" en la Villa que la juerga no se termine hasta llevarnos en angarilla.

En las inferiores,  el día de Santiago, los componentes del equipo que participaron jugando contra Los Húngaros, Manuel Escribano, Jesús Suarez, César Sánchez, Roque Mendieta, Jesús Ruiz, Pedro López, e Iñaki Ortiz, de pie. Agachados, Gerardo y Luis Garitaonandia, Armando Hernando, Valentín Martín, Adrian Heredia y Chelo Oribe.



La última foto tras el partido con también muchas caras conocidas.


miércoles, 24 de mayo de 2017

LAS OBRAS EN LA IGLESIA DE SANTA MARIA CON D.PABLO BENGOECHA DE PARROCO






Al hilo de las entradas con las memorias de Txomin Bereciartua de su paso por la parroquia de Santa María de Portugalete, Tasio Munarriz nos ha enviado unos artículos sobre algunos temas que considera importante recordar y aclarar, ya que él los vivió de primera mano, para evitar equívocos.

Empezamos hoy con las obras que se llevaron a cabo en los años anteriores a Txomin:



Cuando llegó Pablo Bengoechea en 1961, cambió la tarima del suelo sustituyéndola por terrazo y envió los huesos del antiguo cementerio, que estaba en el subsuelo, al osario de Pando, obra realizada por Gaspar Aroma; puso bancos nuevos, los actuales, y entregó las sillas-reclinatorios a sus propietarios; sustituyó la caldera de carbón por otra de gasoil para la calefacción; abrió una puerta a la sacristía por la capilla de la Inmaculada para hacer el acceso más directo al presbiterio, con el fin de que los niños pequeños entrasen si molestaban en el templo y para que los feligreses pudiesen acceder a hacer sus necesidades.

Consiguió que la familia propietaria de la capilla de San Antonio cediese verbalmente su uso, no la propiedad, a la Parroquia. Esta cesión no se constató en ningún documento porque Pablo, entre muchas virtudes ejemplares y admirables, era bastante bohemio y no se preocupaba de cuestiones formales. Pero la familia quitó el candado y conserva el documento de su propiedad. Txomin dice que rompió el candado. Si es verdad, alguien lo volvió a colocar. En los doce años que estuve de cura (1966-1978) en la Parroquia no recuerdo haber visto ningún candado. La única reforma que Pablo hizo fue retirar a la sacristía las águilas que servían de atriles en el presbiterio. Como hubo gente que le criticó por ello, no volvió a tocar nada de los altares y sus compañeros seguimos su consejo preocupándonos de otros temas que nos parecían más importantes.

Para completar la actividad de Pablo, hago pública una anécdota que solo yo conozco como único superviviente de aquella generación de curas. Nos contó que un día cogió una banderita española que rodeaba la base de una Virgen del Pilar que estaba en el altar de la capilla de Santiago y, como le daba corte que la gente lo viese, la escondió detrás de un confesionario. Nadie la echó en falta. Los que hicieron la reforma de 1991 la encontrarían sin conocer su origen.



En mi época no hubo ninguna desidia para conservar la basílica. En 1969 y 1977 se arregló el tejado con los correspondientes presupuestos de 261.240 y 400.000 pesetas. En 1972 se colocaron nuevas protecciones metálicas en las vidrieras. (Fotografía inferior de la revista El Abra). En 1976 se reformó el sistema de calefacción a cargo de la empresa Clima Norte por valor de 300.000 pesetas, reforma dirigida por Jesús Zaballa, yerno de “Angeles la lechera”. Se pidió un préstamo personal a la C.A.V. con los bonos de 1000 o 500 pesetas de 27 personas en 1979. Uno de estos ejemplares recogemos también.

El responsable de los dineros de la Parroquia era el seglar Antonio Gaztañaga, miembro del Consejo de Pastoral, vecino de Miramar. Para cubrir estos gastos nos arreglamos con las aportaciones de los feligreses, no del Ayuntamiento ni de la Diputación ni del Gobierno, que nos consideraban sus enemigos. Ni se nos ocurrió pedir una subvención. Fuimos también de los pocos en el Estado que rechazamos la paga estatal y no se cobraba por los funerales, bodas y bautismos. Tampoco se pasaba la cesta en ninguna misa ni se cobraba el estipendio por encargo de misas. Actualmente se pasa una bolsa.

La única intervención económica que tuvo el Ayuntamiento a favor de la Parroquia fue regalar las persianas de la Casa parroquial en 1967.

En julio de 1972 aparecieron pintados los muros de templo con estos letreros: TRADICION, VIVA ESPAÑA, 18 DE JULIO, DIOS PATRIA REY. Los carlistas escribieron en la revista “Márgenes” que ellos no habían sido. .El consejo pastoral parroquial decidió borrarlos. Pero en noviembre de 1972 en una noche en la que el Ayuntamiento apagó las luces del Campo de la Iglesia, según cuentan los vecinos, aparecieron otras del mismo tono. Y con los colores rojo y gualda. El consejo decidió no borrarlas para vergüenza de sus autores.

El 19 de febrero de 1974, un año y medio después, el alcalde Esparza nos envió un oficio obligando a la limpieza de las fachadas, amenazando a la Parroquia con pasarnos el cargo correspondiente si las limpiaba el Ayuntamiento. Como no le hicimos caso porque el responsable de permitir las pintadas era él, las borraron dejando durante varios años estos letreros en el paso a Las Canteras: ABAJO LOS CURAS QUE NO CREEN O AMAN A DIOS. CURAS ROJOS AL PAREDON. Peor hubiese sido que nos llamasen “colorados”. Esto no fue una ayuda municipal sino una reparación. Las fotografías de las segundas pintadas se publicaron en el periódico bisemanal “Márgenes” (22 de diciembre 1972–5 de enero de 1973), dirigido por Carmen Torres Ripa. Las de las primeras las realizó Foto Cortés y las llevé al Archivo Municipal.




martes, 23 de mayo de 2017

ANA Mª PALACIOS CASTELLANOS. PORTUGALUJA EN LA COLONIZACION DE LA PATAGONIA




El último número del periódico enportugalete.com nos ofrece la ficha de esta portugaluja del siglo XVIII, Ana Mª Palacios Castellanos.
Las escuetas noticias de su vida en aquellas tierras nos las dio a conocer la escritora Virginia Haurie, en su obra Mujeres en tierra de hombres. Historia de las primeras colonizadoras de la Patagonia.

Trascribimos el capítulo titulado ANA Y EL HERRERO:

Fuerte del Carmen, 1780

El amor que sentía Ana María Castellanos por el herrero era tan ciego que no veía lo que pasaba a su alrededor. También la volvió imprudente, haciéndole olvidar que en el Fuerte del Carmen la mayor distracción de los soldados era espiar a las mujeres. Ana María tenía veintidós años y un ardor que se le escapaba por el brillo de la mirada y el andar de las caderas. —¡Mucha mujer para ese borracho! —era el comentario de los hombres que la miraban pasar con ojos de orgasmo. Ana María tenía algo raro en esos tiempos: sabía leer y escribir. Pero no era libre, estaba casada con el labrador Matías Lagarreta, a quien más que trabajar la tierra le gustaban las borracheras. Tenía también un pequeño hijo llamado Josef que había heredado sus mismos ojos oscuros y fogosos. La Castellanos no se había enamorado de los músculos de Juan, el herrero, como pensaban las mujeres. Una noche plagada de estrellas, Ana escuchó el rasgueado de una guitarra que le desató la nostalgia. Como animal hambriento siguió su rastro hasta un vivac donde la música se mezclaba con la risa y las voces de hombres distendidos. Agazapada, desde lejos, apenas iluminadas por el fuego, vio una guitarra y unas manos enormes. Las mismas que muchas veces había visto domesticando el hierro. Allí, oculta entre las matas se quedó, hasta que el canto de los pájaros reemplazó el monótono croar de las ranas. Desde esa noche no hubo una en que no soñara dormida o despierta que era una guitarra. Y como cuando la mujer quiere no hay hombre que no quiera, empezaron los amores. No pasó mucho tiempo hasta que todos, por lo bajo, no hicieran otra cosa que hablar de Ana y el herrero.

—Mujer liviana —decían las mujeres.

—Hombre de suerte —respondían los hombres.

—Mala yerba —dijo el Superintendente Francisco de Viedma, que pretendía pobladores decentes en su ciudad. Como suele suceder, el marido fue el último en enterarse y como hacían algunos hombres en ese tiempo con las esposas infieles, le puso grillos en los pies. Pero esto no detuvo a la Castellanos ni al herrero, para quien romper un par de grillos era más fácil que cascar huevos. Un día empezaron las desgracias. Ocurrió una pelea en la que el herrero dio muerte a un indio conocido como el capitán Chiquito y fue llevado preso al bergantín Nuestra Señora del Carmen y Ánimas. Los indios reclamaron su muerte en venganza: el herrero sería ahorcado. Ana María creyó enloquecer. Sin paz ni consuelo pensó en arrojarse al río.

Bernardo Patruller, soldado del cuerpo de Artillería, quería desertar. Llevaba meses planeando la partida, buscando descontentos. Lo hacía con el mayor sigilo. En el fuerte no había peor falta que la deserción. Huir por tierra era empresa endiablada. Sin embargo confiaba en la destreza de la caballada que le había prometido Aguirre. Pero necesitaba dinero y lo más escaso en El Carmen eran los pesos. Esas circunstancias reunieron a la Castellanos con el soldado. Él se llevó los pesos y ella se quedó con la esperanza de la huida, prevista para la noche siguiente.

—Le encargo silencio, si se llegara a descubrir nos perdemos todos.

—Mi barriga está llena y quiero parir con mi hombre —dijo Ana María decidida.

Y escribió al herrero sobre los planes de fuga: el marinero Josef de Castro lo ayudaría a salir del bergantín y en lo de Aguirre se encontrarían con la caballada. Y como era mujer, también le escribió de su amor, de los dolores que sufría con su ausencia y del hijo que quería parir junto a él. Su marido le enredó los planes. Matías, despechado por tantos lloros por un ajeno y con el herrero preso, sintiendo a salvo su integridad, pensó que era tiempo de un escarmiento; de paso podría ganarse la gracia del Superintendente, que sabía que lo tenía mal visto.

—Mi mujer se ocupa de conmover para la fuga a las gentes de la población —dijo, y se fue dejando el aire sucio de traición y alcohol. Don Francisco de Viedma, para darse tiempo de encontrar a los cómplices, hizo detener a Ana María, con una excusa, en la casa de la mujer. Ella se inquietó pero confió: el herrero no la abandonaría. Y se las arregló para enviar las cartas. Cuando horas más tarde llegó el habilitado Vicente Vázquez y Salgado con las mujeres Pascuala del Campo y Francisca Longueras, Ana María supo que había sido traicionada. Desnuda frente a las mujeres que registraban sus ropas, más que humillada se sintió quebrada. No encontraron más cartas, sólo un cuerpo inanimado que insinuaba un hijo. Sobre la cruz, todos los implicados declararon que ella con sus malas artes los había instigado para la fuga y fueron puestos en libertad. Pero el fiscal consideró a la Castellanos culpable y fue condenada a dos años de prisión en el Uruguay. Su marido fue echado del Carmen y, obligado a realizar trabajos públicos donde no pudiera embriagarse. En la ciudad que soñaba Viedma no había lugar para vagos ni para mujeres que no supieran comportarse. Cuentan que las gentes del Carmen nunca supieron si a la mujer la castigaron por rebeldía o por liviandad. Y que, en cambio, sospecharon de la razón que salvó al herrero de la horca.

Una de las carta de Ana María al herrero hallada en el Archivo Nacional de Historia:

"Querido mío de mi corazón tú sabes lo que me pasa con este borracho que el fue a decir que me quería ir contigo y me han puesto en el cepo y así no puedo descansar este corazón de suspirar y aunque no te puedo ver no hay consuelo para mí que estoy suspirando todos los días aunque no hay consuelo para mí qué haré sin ti yo que estoy loca porque me falta la prenda en que yo me miro y prenda de mi corazón qué haré sin ti yo que me muero sin remedio porque ya no hay mundo para mí en qué espejo me miraré yo si me falta la prenda de mi alma que estimo yo y yo miro por la sangre que tengo contigo no te vayas que quiero ir contigo que si puedes salir para la caballada ahí está el paisano que dice que te ha de esconder que venga sin recelo hasta que se (...) a que nos (...) por tierra bastante gente que esto te lo pido por amor de Dios que si no estás perdido que tienen el precio mal parado porque dicen que te van a ahorcar por Dios te pido que no me dejes que quiero morir contigo que no hay consuelo para mí hasta que no te vea en mis brazos que estoy rogando a Dios para cogerte en mis brazos que no puedo descansar sin ti caigito de mi alma espero que me has de hacer este gusto que te pido por amor a Dios que estando la gente durmiendo te puedes escapar para afuera que es lo que puedes decir a Pepe acompañarte para que te puedas escapar por la guitarra no te la envío porque la vamos a llevar con nosotros por tierra quiere tres pero esta (...) en lo demás no hay consuelo para mí y así escribime y dame ese consuelo por amor de Dios que bien ves como estoy la barriga llena que quiero ir a parir contigo y así no te canso más hasta que vea conmigo quien de corazón estima y verte desea es tu querida.

Ana María de Palacios".




lunes, 22 de mayo de 2017

MAESTROS DE OBRAS PORTUGALUJOS: FRANCISCO BERRIOZABAL






Seguimos con los maestros de obras del siglo XIX, que fueron los artífices en parte del cambio urbanístico que sufrió la Villa, apoyándonos en las investigaciones de Roberto Hernandez Gallejones, que dada su admiración por el personaje que hoy recogemos, consiguió que se le dedicara una calle.

Francisco Xavier de Berriozabal y Garmendia, nació el 6 de febrero de 1848. Su padre que era maestro de obra en la Villa, y que también fue concejal, murió cuando él tenía 3 años por lo que tuvo como tutor a su abuelo Francisco Berriozabal Berrio, también maestro de obra al igual que lo era su abuelo materno Juan Ignacio Garmendia.

Condicionado por esta tradición familiar estudió la carrera de Maestro de Obras, en la Academia de Bellas Artes de Valladolid obteniendo el título en 1868. Se casó en Bilbao en 1871, y en 1873 proyectó su primer edificio de viviendas en la Villa, donde tendría una enorme actividad con numerosísimos proyectos, tanto en el ámbito privado como en el municipal, siendo el profesional más prolífico de todos los que trabajaron en la Villa en el último cuarto del siglo XIX ya que hasta que se nombró arquitecto municipal a Emiliano Pagazaurtundua en 1903, todas las funciones propias de este cargo recayeron en él actuando en la práctica como un verdadero arquitecto municipal.

De los 57  proyectos que en esos años se presentaron al ayuntamiento realizados por maestros de obras, 50 llevan su firma. Así que sería muy prolijo citar sus edificaciones tanto de inmuebles de viviendas o chalets y palacetes urbanos.

Para el ayuntamiento realizó todo tipo de informes, peritajes, proyectos de planificación urbana, enjuiciando incluso lo proyectos de importantes arquitectos que realizaron obras en la Villa, con los que en general mantuvo una pacífica convivencia.

Junto con Anduiza participó en la reforma del edificio de Escuelas públicas, proyectó los lavaderos de San Roque y Azeta (1889) y el matadero municipal (1890), y la primera la Casa-cuartel para la Guardia Civil (1892), o el barracón para soldados en el fuerte de San Roque.

Como miembro de la Junta de Caridad del Hospital Asilo firmó el primer proyecto de nuevo edificio en 1895, que finalmente se llevaría a cabo en su actual ubicación, llevando también la dirección de obra. Una denuncia de la Asociación e Arquitectos de Vizcaya en 1902, hizo que tuviera que intervenir Leonardo Rucabado, recién acabada la carrera, quien lo firmó en 1901 tras realizar algunos retoques en la fachada y distribución interna.

También actuó en el ámbito eclesiástico siendo designado por Sotera de la Mier para el proyecto del Colegio del Carmen, que tras un incendió fue reedificado por Julio de Saracibar en 1891, se le encargó la reconstrucción de la torre de la Parroquia tras la guerra carlista, o en 1892 en el convento de Santa Clara realizó el acceso principal, la espadaña o el edificio anexo de viviendas.

Fue además concejal y primer síndico en 1877 a 1881, director del cuerpo de bomberos, y miembro de la Junta de Sanidad.


domingo, 21 de mayo de 2017

MAESTROS DE OBRAS PORTUGALUJOS: MANUEL DE OTADUY




Como ya tenemos que pensar en el próximo libro de la Colección El Mareómetro que recoja los años que nos faltan del siglo XIX en la Villa, nos encontramos hoy con una profesión que tuvo gran importancia en su último cuarto de siglo como fue la de Maestro de obras.

El papel fundamental de estos era la conformación y remodelación de los espacios urbanos, y aunque sus limitaciones teóricas eran limitadas coparon las tareas y cargos propios de los arquitectos, siendo también encargados de emitir informes sobre los proyectos que llegaban al ayuntamiento, lo que ocasionó numerosos choques, ya que los trabajos que realizaban eran prácticamente idénticos. Esta titulación regulada por primera vez en 1757 se suprimió en 1871y se obtenía en Madrid o Valladolid.

Si en la Villa dejaron su huella muchos de estos técnicos la figura fundamental fue Francisco Berriozabal y en menor manera otro portugalujo como fue Manuel de Otaduy.

Vamos a hacer una escueta biografía de ambos empezando por el segundo, que era hijo de un matrimonio guipuzcoano que llegó a la villa en la primera mitad del siglo y donde completarían su prole con siete hijos.

Manuel de Otaduy Mendiguren nació en 1850 y realizó los estudios de Maestro de Obra, obteniendo el título en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Uno de sus hermanos, José Eustaquio (1845-1914), emigró de joven a Cuba donde trabajó en una ferretería y a su regreso fue concejal en Bilbao, y otro, Pedro, (1859-1936) a Inglaterra donde tuvo una fábrica de porcelanas.

El fue después de Berriozabal el maestro de obras más prolífico de los que trabajaron en la Villa ya que en el último cuarto del siglo XIX firmó por lo menos 16 proyectos de nueva planta y 22 reformas, aunque su proyecto más significativo de Portugalete es el plano topográfico de 1878, que recogemos retocado para mejor comprensión en esta entrada del blog.

Contó con una extensa clientela entre los vecinos más importantes de la Villa, como Benigno Salazar a quien le proyectó el palacete urbano del muelle viejo bajo su torre en 1881, donde actualmente está el bar Siglo XX, Fernando de Carranza que le encargó el proyecto de nueva planta de su casa en la calle Salcedo que daba a la Plaza (1876), o los Chavarri a los que reformó su casa de la calle del Medio. (1886) donde nació Víctor Chavarri.

En el cementerio de Pando también encontramos trabajos suyos como el panteón para la familia Juaristi de estilo neorománico (1882) o una artística sepultura para Brigida Calvo.

Fue elegido concejal en 1873 y en 1878 figura como miembro de la Cofradía de Mareantes.

jueves, 18 de mayo de 2017

LA HUELLA DE UN PORTUGALUJO EN MEXICO: FRAY JUAN BAUTISTA DE MOLLINEDO




En 1957 un artículo del marqués de Lede, descubrió que el agustino José Gabriel de Lasurtegui “muerto en olor de santidad” en Sevilla en 1862, tras hacer una notoria labor en Peru, había nacido en Portugalete. El ayuntamiento aprovechó entonces para poner su nombre a una nueva calle.

Si hubiera sido hoy, en la época de internet, quizás se lo hubieran puesto a este otro fraile portugalujo que comentamos y del que se puede encontrar amplia información en la red, pues como se ve ilustrando esta entrada tres pueblos mexicanos tienen en sus calles esculturas en su recuerdo como fundador de los mismos.

Juan Bautista de Mollinedo (1557-1628) que participó en el descubrimiento y colonización de amplios territorios del país azteca, se embarcó de muy joven a América, y allí atraído por la labor de los frailes franciscanos ingresó en su convento de Acambaro (México) llegando a ocupar un alto cargo en dicha congregación. Interesado por la vida de los indígenas aprendió sus lenguas y preparó un proyecto misionero y de colonización de los mismos.

Vino a España para darlo a conocer y en 1601 regresó con un grupo de franciscanos dispuesto a llevarlo a cabo. En 1607 fue el primer europeo en adentrarse en tierras aztecas tomando contacto con los originarios pobladores y levantando las primeras iglesias que se construyeron en aquellas tierras para los indígenas mayas.

En 1612 una cedula real le permitió fundar misiones en esta región con el cargo de Comisario. Entre ellas destacan en 1617, los pueblos de Rioverde, Valle del Maíz, Tula, y Jaumave, en donde hoy se levantan esculturas públicas en su memoria.

Durante la década siguiente junto con otros miembros de su congregación recorrió buena parte de esta zona de México, catequizando a diversas tribus indias y fundando congregaciones de su orden.

Como responsable franciscano de la estas nuevas tierras viajó a España para tratar la controversia entre el Arzobispado de México y las órdenes religiosas de agustinos, dominicos y franciscanos y aquí cayó enfermo muriendo en el convento de Madrid en 1628.

Hoy la historia de aquellos pueblos le recuerda y reconocen su labor con las citadas esculturas, pinturas murales o un colegio que lleva su nombre.












miércoles, 17 de mayo de 2017

CUANDO EL MUELLE DE HIERRO ERA ZONA DE BAÑOS: ESCALERAS DE CHICOS Y ESCALERAS DE CHICAS (3)




Seguimos hoy recordando los baños de la Punta en las escaleras de los chicos y de las chicas, que recogemos en las dos fotos que encabezan esta entrada. A la derecha, de 1950, con los hombres y la de la izquierda de unos años antes de mujeres, con Mertxe Adán a la derecha sobre las rocas con un traje de baño blanco hecho de un vestido que se le inflaba en el agua según nos confiesa. Al final tras el texto la foto de los chicos entera.

Aquellos baños veraniegos, separados por sexos, dejaban bien a las claras lo brutos que éramos siempre que acudíamos en busca de las chicas para “dejarnos ver”.

Recordando con Juanjo del Horno “Trole”, Josetxu Fdez. Larrondo, Paco Martín, Javitxa Martínez, Josemi Palacios, Javi López Isla y otros bañistas de distintas épocas, todos coincidimos en la relación amistosa y la protección, que a pesar de la distancia (110 m), les proporcionábamos. ¡Hay amores que matan!

De vez en cuando, los chicos hacíamos un “safari acuático” en fila india desde nuestras escaleras hasta las de las chicas, la mayoría de las veces con el “trajebaño” tipo Meyba en la cabeza. Ya no estaba “Tin-tán” con su silbo. Al son de ¡Obenuno!, íbamos nadando y una vez allí, o bien las invitábamos a bañarse con un “de aquí para abajo, todas al agua” o las salpicábamos con técnica depurada. ¡Vaya forma de ligar!

Según otro informante, había otra excursión en forma de “entierro”. Primero iban los monaguillos, luego el cadáver, flotando haciendo el muerto entre cuatro porteadores y luego toda la gente llorando pero al “motrollón”. Si venía el “chiva” a la escalera y preguntaba de quién era determinada ropa, para coger al culpable, entonces cualquiera de los que no había ido al “entierro” decía que era suya. Mientras tanto la procesión, ya disuelta, nadaba hasta la rampa de Santurtzi, donde se esperaba pacientemente a que pasara la tormenta para regresar en pequeños grupos.

Otro de los numeritos era hacer en pelotas “la pluma y el tintero”. Os podéis imaginar  que era la pluma y que el tintero. Cuando las chavalas se iban al morro, los “safaris” tenían el recorrido más largo, pero merecía la pena.

Pero, en las escaleras de los chicos la cosa ya era otro cantar. “Trole” ejercía de capo y junto a otros veteranos (“Tinín”, los Madariaga, Cobos…) que habían sufrido en su día con los de la generación anterior, nos hacían mil perrerías. La más famosa era “el paseíllo”, que consistía en coger entre cuatro por las muñecas y tobillos a la víctima elegida y desde las escaleras lanzarle al agua con el consiguiente espaldarazo o tripada. A veces, un empujón a los abusones les hacía caer junto a su víctima. A los de Sestao se les distinguía enseguida por su extraña forma de nadar de costado “a lo chica” y solían ser los “elegidos”. Qué decir de los “txunbos” que los finolis llamaban aguadillas o las guerras con fango desde el agua. Aquel fango debía tener propiedades dermatológicas, porque de vez en cuando nos embadurnábamos el cuerpo con él y colgándonos del suelo de los pasos “hacíamos el higo”, descolgándonos por el cansancio al grito de ¡estooooymaduuuuuuro!. Desde ese mismo lugar, nos lanzábamos al agua realizando numeritos, como “la carpa”. ¡Y no nos ha pasado nada!. Las chicas desde sus escaleras presenciaban de reojo los saltos y gansadas.

Otra costumbre que tuvo arraigo en diferentes épocas, fue el ir con unas monedas en el bolsillo oculto que tenían los Meybas, hasta Santurtzi (400 m) o hasta la playa de Las Arenas (700 m), para una vez allí, tomarnos un blanquito reparador. Alguno tenía allí la novia y animaba a realizar la travesía. Previamente habíamos calculado la corriente y el punto desde el que salir para poder doblar sin problemas la Mojijonera.

Me han contado, como una vez en Las Arenas, una cuadrilla se vio sorprendida por una galerna y debieron volver andando hasta el Puente y pasar la Ría. Cómo el espectáculo llamaba la atención, a uno de ellos se le ocurrió decir en voz alta: ¡Ya os decía yo que dejar la ropa al cuidado de aquella vieja no me parecía seguro y mira como hemos acabado! .La cosa acabó con una caminata desde el Puente hasta la Punta y además con galerna.

Las escaleras y las rocas estaban plagadas de zapateros, escaramujos, mojijones y ostrones, y con uno de ellos me corté el pie días antes de tener que bailar en Vitoria (1966). Tuve que ir a la pata coja y sangrando, hasta el consultorio de Felipe Llorca, encima del Metro, para que me hiciera un zurcido en frío. ¡Qué daño!.

De vez en cuando, los invadidos éramos los chicos, pero por las chavalas de Santurtzi que solían venir en bote desde su puerto. La mayoría de las veces (seguro que les gustaba) balanceábamos el bote entre sus gritos de pánico. ¡Nunca les pasó nada!.

Entre los habituales había muy buenos nadadores que formaban parte o pasaron a engrosar las filas de la Deportiva Náutica de Portugalete. La piscina municipal que se había abierto en 1959, con agua salada de la ría, fue restando efectivos poco a poco a las cuadrillas de la Punta y al final fuimos pasando por el aro. “Trole” seguía haciendo de las suyas desde el trampolín, admirando a propios y extraños con su famoso y temerario “avión”.

Cuando el tiempo no invitaba al baño, el recurso para pasarlo bien era coger los kiskillerosque había en casi todas las casas y una vez pasados por el mercado a por carnada, dedicábamos la mañana o la tarde, según la marea, a karramarros o kiskillas, sin olvidar a los “velludos” (eskarrak) de los que se contaban historias truculentas, como la de aquel al que un velludo le había cortado el dedo de un mordisco. Había que pescarlas en la plataforma del morro en los agujeros que tenían los bloques, con una varilla con un gancho en la punta. ¡Cómo costaba sacarlas!.

Bueno, estas son algunas batallitas que os mencionaba. ¡Espero que os hayan traído buenos recuerdos  y lo hayáis disfrutado!.



JOSE LUIS GARAIZABAL