viernes, 25 de mayo de 2018

RECUERDOS DEL MATADERO






Antes de recoger en la próxima entrada el trabajo de investigación de Aurelio Gutiérrez Martín en su blog LA VIDA PASA, sobre el proyecto del matadero municipal de 1891 ya desaparecido, recogemos hoy sus recuerdos de infancia, que lo son también de muchos portugalujos:



Mientras elaboro este artículo, en mi mente fotograma a fotograma, tanto del interior, como de los alrededores del matadero de Abacholo o de la Atalaya, que es como nosotros le conocíamos, voy viendo parte de mi Vida.

Me veo acudir al matadero bajando por la cuesta y comprando algún chuche en la casa de Conce, pararme en la chabola del zapatero remendón que tantas horas me acogió en su interior, y antes de entrar en el matadero, jugar un rato en la vagoneta que estaba abandonada junto a la casa de la familia Tellechea. Esta, años atrás había cumplido la misión de trasladar las rocas de la cantera al muelle de Portugalete.

Me impresionaba, como los matarifes Toñín, Gabino, Pedro, Basilio, y algún otro, los cuales me perdonen no acordarme de su nombre, de qué manera daban la puntilla y despiezaban las reses a base de hachazos certeros. Recuerdo vagamente como parte de esta carne de res antes de ser distribuido en las carnicerías, se cargaba en un carro tirado por un caballo de nombre Isleño que era conducido por Txutxi Benito” Txaquetas”, como bien me recuerda mi entrañable amigo Eduardo Estancona, y como aquello que no se aprovechaba, terminaba en la Ría para engordar a los carramarros, próximas víctimas de nuestros quisquilleros. Hoy en día, aún identifico el gruñido del cerdo antes de ser sacrificado, y el olor tan característico de su piel quemada, proceso que de principio a fin seguíamos con expectación.


jueves, 24 de mayo de 2018

CARTAS MARINAS: (1) 1339 GALETO




José Antonio Soto se ha adentrado en la Biblioteca Nacional Francesa en busca de cartas marinas en la que aparezca nuestra villa marinera.

Hoy recogemos la primera de ellas que según nos indica es el portulano más antiguo de la Escuela Mallorquina y que está fechado en 1339, la década siguiente a la fundación de Portugalete.

Recoge nuestro continente europeo y su título es Carta marina del Mar Báltico, Mar del Norte, Océano Atlántico Este, Mar Mediterráneo, Mar Negro y Mar Rojo. El autor es el mallorquín Angelino Dulcert/ Angel Dolcet/ Angelí Dulcert.

Dada la amplitud geográfica que recoge, y que nos lo ofrece con muy buena calidad, recortamos bajo estas líneas la zona que nos atañe y que llega hasta los castillos de Soria y Burgos, en donde encontramos entre Bilbao y Castro, GALETO.






miércoles, 23 de mayo de 2018

EL FUERTE DE SAN ROQUE DE 1875: LA CONSTRUCCIÓN




La dirección de la obra, así como la custodia del único plano existente, se realizaba desde el Ayuntamiento de Bilbao.

El 20 de Noviembre de 1874, Adolfo Morales informa “que las obras tienen un considerable retraso y siguen con lentitud, privando al soldado del reposo y descanso que le es necesario en las horas que no está de servicio, máxime en la estación entrante en que este se hace con más dificultad.”. Suplicaba se active por cuantos medios estén a su alcance, las obras tanto del Cuartel de San Roque como de los demás que se construyen por esa corporación municipal”.

El día 26, Pedro de Lecue solicita una prórroga a causa de los temporales que reinan en la mar que le habían impedido proveerse de todo el material. La instancia se la enviaron al Coronel Comandante de Ingenieros para que viese si eran legítimas y fundamentadas las causas alegadas.

Al día siguiente, contesta el Coronel, que el contratista tenía que conocer el tiempo que hace en la región. “Únicamente es de tomárselo en cuenta, que las grandes lluvias habían deshecho las mamposterías”. A pesar de todo, le concedió una prórroga de 25 días para entregar la obra el 15 de Diciembre.

Las condiciones meteorológicas debieron ser terribles aquel otoño, ya que el 14 de Diciembre solicitó una nueva prórroga, que le fue concedida hasta el 15 de Enero, teniendo en cuenta: “el temporal extraordinario, que lo ejecutado hasta entonces era correcto, que la fuerza del viento y la lluvia le había destruido varias partes de la obra, obligándole a rehacerlas,y que la prórroga anterior concedida había sido casi en su totalidad tiempo perdido para el trabajo”.

En Enero de 1875, se le abonó el segundo plazo de 8.875 ptas., lo que significa que las obras se habían finalizado o estaban a punto de finalizar. El primero lo habían satisfecho el 22 de Octubre de 1874. El 14 de Febrero de 1875, sin embargo, aparece un presupuesto adicional de 3.272 ptas. por mampostería de cimientos y vigas de roble.

Además, en esa fecha, Ricardo Seco, Capitán del Ejército y Teniente de Ingenieros, tras un reconocimiento, certificó la solidez de la construcción y que estaba de acuerdo a las condiciones de la contrata y terminado en el plazo, por lo que autorizaba el pago final de las 8.875 restantes, hecho que se produjo el 16 de Abril de 1875. Por lo tanto el cuartel se terminó en Febrero de 1875.

En el blog MIKELATZ se le describía en 1875 como “luneta achaflanada en el saliente. Cuartel defensivo que cierra la gola y que prolongado hasta la contraescarpa, da defensa a los fosos”. “Tenía una dotación de 100 infantes, 40 artilleros y 6 piezas de artillería”.En el plano de Otaduy de 1878, solo se dibujan 5 piezas de artillería.

Solo conocemos dos imágenes de este primer cuartel. Una se encuentra en los fondos del Museo Zumalacarregui,( Z,3 - TOMO III - PAG. 162), titulado “Muelle nuevo de Portugalete”) que apareció en el libro de 1880, “Oasis, viaje al País de los vascos”. El grabado, obra de Eriz,  muestra la iglesia con su torre desmochada y en el cerro, el fuerte con sus múltiples aspilleras mirando hacia Portugalete. La otra aparece en el cuadro pintado por J. Mennie en 1880.
JOSE LUIS GARAIZABAL FLAÑO


martes, 22 de mayo de 2018

EL FUERTE DE SAN ROQUE DE 1875: EL PROYECTO




Tras las noticias que José Luis Garaizabal nos dio sobre el fuerte militar de San Roque en los años 30 del siglo XIX, recogemos la parte de su trabajo que se refiere al que se volvió a construir tras la última guerra carlista, analizando en esta entrada su proyecto y en otra próxima su construcción:



Tres décadas después de que se demolieran las fortificaciones sobre Abatxolo y el cerro de San Roque, aquel deseo “…a fin de que en ninguna ocasión pueda servir de baluarte a los enemigos del Gobierno“, se lo llevó el viento, ya que los carlistas sitiaron de nuevo la Villa en 1873 e instalaron sus baterías en la cima desnuda y aplanada de ambos cerros (la foto superior corresponde a ese año) y seguramente sobre el solar del “llamado el nuevo”, instalaron la batería nº 4 (Plano del Sitio de Portugalete – J. Pajares 1874).

Según nos contó en su diario, Marcos Escorihuela, el 10 de Octubre de 1873: “Noticiosos los carlistas de la próxima traída de Bilbao de unas casas blindadas para fortificar el Alto de San Roque, han hecho obras ofensivas o trincheras en Campanzar y en el Pozo de Abacholo”. Dos días después, los carlistas disparaban su artillería sobre la Villa desde San Roque.

La Villa se rindió el 21 de Enero de 1874, retirándose los carlistas el 1 de Mayo. De lo sucedido el 18 de Mayo, Escorihuela nos narra: “Se trabaja activamente hace días para fortificar principalmente los altos de San Roque y Campanzar, donde quedan colocados ocho grandes cañones, que si se hubiese hecho en Agosto pasado, se hubieran evitado ruinas dolorosas e irreparables…”.

Dado que había que alojar a los militares de los batallones Barbastro y Segorbe, y que la Villa no contaba con instalaciones adecuadas, surge el proyecto de “Cuartel defensivo en la Villa de Portugalete, en el Alto de San Roque”. El proyecto, descripción, presupuesto y pliego de condiciones lo hemos localizado en el Archivo Histórico Foral de Bizkaia (Bilbao Primera 0196/003) fechado el 26-8-1874, y nos permite conocer las características del acuartelamiento.

El plano dibujado en tela, se encuentra en pésimo estado, ya que al haberlo doblado en fresco o a temperatura o humedad inadecuada, ha provocado que se calquen unas imágenes sobre otras y me ha requerido un arduo trabajo de borrado de los trazos calcados. Está fechado el 11 de Agosto de 1874 y firmado por el Comandante de Ingenieros, Eduardo de Mariategui.

Se trataba de alojar de forma urgente a 150 hombres en un edificio compuesto por un piso central elevado y en otro piso menor debajo de las dos alas. El contratista debía acabar la obra en 70 días.

El edificio de 115 m de longitud por 12 de anchura (deducimos por el plano), contaba con tres grandes puertas (p’, p’, p’) de 2,20 m, dos de ellas chapadas con plancha de hierro “para que no pasen las balas de fusil”, lo mismo que las ventanas de la cocina (v, v’), excusados (L, M), las estancias (d’, d’, d’, d’) y las puertas de las casamatas que están frente a la escalera. El dormitorio de la tropa contaba con claraboyas en el techo y un suelo de madera desmontable en su parte central, para tener acceso a las rampas que permitían conducir las piezas a las casamatas (G, G). Los blindajes con madera eran de medio metro de espesor. El suelo de los dormitorios iba empedrado para facilitar el paso de las piezas. Las aspilleras del dormitorio de tropa, lo mismo que en otras dependencias podían cerrarse con tablas dotadas de bisagras. Unas escalerillas (E) daban acceso a las dependencias del gobernador, oficiales, oficial de guardia y telégrafo (d’, d’, d’, d’). Mediante cuatro tubos de hierro galvanizado se ventilaban las dependencias subterráneas, sobresaliendo un metro por encima del tejado. El tejado era únicamente de chapa galvanizada (776 m2), lo que hace suponer que originaría unas temperaturas extremas para los alojados. Contaba con un depósito de agua de 6 m3. Las diferencias entre tropa y mandos eran evidentes, contando con cocinas y excusados diferentes. Igualmente, solo los excusados de oficiales contaban con inodoro. El cuartel contaba con foso que debió ser excavado, etc.

El presupuesto se fijó en 27.309 ptas. con tres plazos iguales para los pagos: 1º a la mitad de la obra, 2º a la conclusión y 3º dos meses después de entregar la obra, estableciendo una multa diaria de 25 ptas. por retrasos y en caso de adelanto se le bonificaría con 12,50. Las ofertas se podían presentar hasta el 3 de Septiembre, ganando el portugalujo Pedro Lecue e Ibarreche, casado, carpintero de 38 años de edad, domiciliado en la calle Santa María nº 9-pral., que ofertó 26.625 ptas., contra las 26.800 que ofertó el abandotarra Pedro Bilbao.







 



lunes, 21 de mayo de 2018

HACE DOS SIGLOS. INCIDENTE EL DIA DE SAN JORGE DE 1818 EN LA VISITA DE NUESTROS MOJONES




Según nos envía Joseba Trancho desde Santurtzi, el próximo 2 de junio van celebrar su día de los mojones, siguiendo la antigua tradición que se daba en el pasado en todos nuestros pueblos.

En este caso nos invitan a todos a asistir a una recreación con personajes vestidos de época que representan a los que tomaban parte en estos eventos, como alcaldes, notario, concejales, etc. y tomando como base algunos mojones situados en el Serantes.

Esto nos da pie para recordar una de las visitas que hizo nuestro ayuntamiento en 1818 a los mojones que teníamos junto a la iglesia de Santurtzi y que  "casualmente" se celebraba el día de San Jorge, el 23 de abril.

Dejamos que lo cuente Mariano Ciriquiain:

Tradicionalmente en la mañanita de ese día el Alcalde salía de la Casa Consistorial de la Villa acompañado del Sindico, el Escribano y el Ministro Alguacil, con la vara en alto. Con solemnidad de ceremonia se dirigían los cuatro, por el camino de Santurce, a la iglesia parroquial del Concejo vecino. Llegaban hasta bajo las goteras del templo. El Ministro Alguacil mantenía en alto la vara. Hasta allí llegaba su jurisdicción. 
Los santurzanos que estaban congregados a la entrada de la iglesia esperando la hora de la misa del Santo Patrono, los mirarían con visible enojo.
-Estos de Portugalete son el demonio –dirían-. Ni en el día de la fiesta del pueblo nos dejan en paz.
El alguacil, la vara siempre en alto, les devolvería la mirada con desenfado de superioridad. Ni un paso menos. Allí mismo, bajo las goteras, llegaba la Villa. Luego se corrían hasta el mojón próximo, y después al pretil de la plazoleta. Todo era suyo. Restos de un pasado esplendoroso.
De vuelta, pasaban de nuevo bajo el límite que ponían las aguas pluviales que vertía el tejado de la iglesia. Una cola de miradas torvas seguía al cortejo hasta que se perdía de vista. Una vez en Portugalete, el Escribano extendía una diligencia en el Libro de Acuerdos de la Corporación haciendo constar haberse celebrado el acto posesorio, en presencia de varios testigos se Santurce, sin protesta alguna.
Ese año de 1818 al llegar el cortejo con el alcalde a la cabeza don Félix Joaquín de la Sota, al llegar a la casa de doña Rita de Salcedo, el Sindico del Concejo santurzano les vino al paso, con tono autoritario diciéndole a nuestro alcalde:
-Baje vuesa merce la vara.
Los de la Villa les contestaron con desplante; el caso no era para menos, y siguieron su camino con la vara en alto.
A la entrada del puente obligaron al cortejo a nueva detenida. Mas esta vez no era el Sindico quien les mandó parar, sino el alcalde del Concejo en persona, seguido del Escribano, del abogado Gutiérrez, de Cabieces, varios regidores y una multitud de gentes cuyo número no bajaba de 200 personas de ambos sexos. Esto ya era peor. El de Santurce insistió cortésmente a su compañero de Portugalete que bajara la vara. Pero intervino el picapleitos de Cabieces diciendo que no debía invitar, sino mandar; estaba en su jurisdicción. El alcalde de la Villa defendió su derecho invocando varias Reales Cartas Ejecutorias. Pero no le valió. Le contestaron manifestándole que valían menos que un papel mojado o una bula vieja. Se agrió la discusión. El abogado Gutiérrez era el que atizaba el fuego, quizás buscando el pleito. Acalóranse unos y otros. Y el Alcalde del Concejo, perdiendo toda conciencia de su responsabilidad se arrojó sobre el de Portugalete y le arrancó la vara de las manos entre aclamaciones y rechiflas de la gente agavillada con aparato tumultuario. Todo un pueblo contra cuatro. Y en su casa.
 Los de Santurce no estuvieron bien. Hay otra manera de hacer las cosas.

domingo, 20 de mayo de 2018

PORTUGALUJOS EN EL BATALLON ROSA LUXEMBURGO




El tema de la guerra civil en Portugalete, ha sido tratado por Tasio Munarriz en su libro REPUBLICA Y GUERRA EN PORTUGALETE, donde estudia con minuciosidad el tema de la guerra civil recogiendo extensos apéndices, con los nombres de los portugalujos que combatieron o murieron, así como las familias o niños evacuados.

Según Tasio en los once meses que afectó la guerra a Portugalete, los batallones que pasaron algún tiempo en la Villa, fueron el “Ariztiñuño” en las escuelas de Casilda Iturrizar, el “Malatesta” en las escuelas de Zubeldia, el “Euzko Indarra” en el Palacio de Dueñas, el “Baracaldo-Martínez Aragón” en las escuelas de Trueba, el batallón comunista “Karl Liebknech” en el convento de Santa Clara, así como el Cuerpo Disciplinario de Euzkadi”, sobre el que Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz, publicaron en 2004 otro libro en el que documentan la estancia de este cuerpo en la Villa y nos ofrecen algunas fotos de estos en la Villa.

En el último año hemos tenido contacto con Amaya Ibergallartu, que a través de su blog dedicado al batallón Rosa Luxemburgo, aunque dicho batallón no pasó por Portugalete, nos ha descubierto un considerable número de milicianos relacionados con Portugalete.

Recurriendo a su blog, batallónrosaluxenburgo, recogemos encabezando esta entrada, los nombres que tras sus investigaciones
nos ofrece. Algunos pueden tener alguna incorrección, (en su blog ofrece mas información) siendo los cuatro últimos añadidos por referencia de José Manuel López Diez.

Como el próximo jueves va a ofrecer una conferencia sobre el tema, centrándose en los milicianos relacionados con Portugalete, creemos que es la oportunidad para los descendientes de aquellos que lucharon en este batallón puedan intercambiar información y sobre todo puedan corregir las ausencias o errores.






viernes, 18 de mayo de 2018

¿VAS DE ESTRENO?





Esa es una frase que usábamos entre nosotros cuando, estando en el inicio de la adolescencia, ya comenzábamos a apreciar el valor de nuestra imagen.

Significaba que el preguntado era portador de camisa o niqui, pantalón, zapatos, jersey, chaqueta,... nuevo o nuevos, lo que, en mi familia, se practicaba en los “días de estreno”: el Domingo de Ramos y en El Pilar.

Una vez estrenadas las prendas y pasadas esas fechas, se convertían en la “ropa de domingo”, que además de ser eso, servían para ir guapos a Bilbao o a visitar a los abuelos, acudir a las citas con el médico o con los profes,... Ponte “de domingo”, nos decían.

Gildo y Lángara, en la calle de Enmedio, para los zapatos; Duque, en Coscojales, para la ropa,... eran los comercios preferidos en casa. Más adelante, cada uno mantuvo y cambió sus preferencias a la hora de vestir. Por mi lado, más adelante, fue Roque quien me ayudó a esos efectos.

En mis 3 a 6 años, recuerdo los zapatos de charol adquiridos donde Gildo. Ignoro de donde venía la costumbre, no había opción. Parecían requeridos como parte del “uniforme de verano”.

De otras prendas de vestir, no tengo muchos recuerdos, sólo un Lacoste de color butano que estuvo de moda allá por 1964 o así. Otra cosa son las corbatas, a las que he odiado tras los años de colegio, por la imposición de su uso, sí, pero aprendí cuatro modos de hacer el nudo y, cincuenta años después, no los he olvidado.

El consejo familiar era mantener siempre la discreción. Compaginar nuestros gustos, y el ajuste a la moda del momento, con los requisitos maternos, era difícil. A veces, usé la rebeldía para obviar el desacuerdo. Por ejemplo, allá por 1972: compré una gabardina larga, por debajo de la rodilla. Se llevaban así, no obstante, por ese largo, desagradó en casa.

Visto que era un problema irresoluble, hice de tripas, corazón, y pasé a cambiarla por una gabardina de estilo británico, tipo levita corta, con solapas amplias, en marrón oscuro. Se trataba de borrar el ceño fruncido y los morros que recibí. Quizá la recordéis: contrastaba con la moda imperante. Mi envaramiento me salió por la culata. Esa prenda duró mucho.

Otra liza, era la de las camisas. Yo las deseaba de estilo Oxford, con botones en la punta del cuello, pero los gustos maternos iban por las de garganta expuesta y sin botones. ¡Cómo las odiaba!. Pasados los dieciséis, comencé a comprar yo sólo las mías.

Para esas fechas, año 1970, los días de estreno, habían dejado de ser tales. Nuestros planes nos dirigían a otros lares, lejos del clan. Ya fuera a la montaña, la nieve, excursión de amigos,...

Ya no compramos ropa “de estreno”. Se compra cuando se precisa o se desea. Medio siglo después, esas fechas de estreno, son dedicadas a descansar incluso a costa de viajar lejos. Pero... ¡qué duro es viajar!.

De vuelta, vestidos con el atuendo de diario, descansamos del viaje.

Martintxu



NOTA: Tal vez ésta entrada no contenga muchos recuerdos comunes
con los lectores.
Os animo a compartir los vuestros.


 Ante la falta de imágenes para ilustrar esta entrada
recurrimos al archivo de Eduardo Benitoy elegimos estos dos grupos, vestidos de domingo o de excursión,como recuerdo a los que ya no están con nosotros y homenaje a los que siguen al pie del cañón, aunque sea con ligeros achaques.