miércoles, 22 de marzo de 2017

EXPOSICION MARI DAPENA Y PORTUGALETE, EN RIALIA



No es la primera vez que recordamos a Mari Dapena, en este blog, (Pinchar para ver), desde que el Museo de las Encartaciones inauguró hace un año su exposición retrospectiva.
Después organizó otras dos exposiciónes en Balmaseda, y en el edificio de Juntas Generales de Bilbao para ahora cerrar el ciclo en Portugalete, queriendo abarcar la zona donde la pintora desarrolló su actividad.
En RIALIA, Museo de la Industria, hasta el 9 de julio, se nos recuerda a esta artista relevante, impulsora junto a Agustín Ibarrola e Ismael Fidalgo de las primeras exposiciones itinerantes en Bizkaia (1956), fundadora, con el propio Ibarrola y Dionisio Blanco de Estampa Popular de Bizkaia (1961) y miembro del Grupo Emen (1966) y del grupo Indar (1970).
Igualmente trabajó sin descanso en pos de una sociedad más justa, lo que la llevó a defender posturas feministas y ecológicas en un tiempo en que estas ideas eran totalmente desconocidas para la población.
En esta exposición se presenta una parte de su obra, dibujos, a veces simples bocetos y otras obras finalizadas, completándose con óleos y tallas.
Y es que Mari Dapena cultivó el dibujo, la pintura y la escultura
durante toda su vida, a veces de manera obsesiva. Dibujó todo tipo de escenas y utilizó técnicas y materiales muy variados, desde simples papeles a cuadernos de dibujo, en ocasiones a lápiz, a veces a rotulador, en otras a bolígrafo o usando ceras. Y en muchas ocasiones estos mismos temas fueron pintados a óleo, tallados o grabados pues acostumbraba a representar un mismo trabajo en diferentes formatos.





martes, 21 de marzo de 2017

LOS MUNICIPALES COMO ESPÍAS AL FINAL DE LA DICTADURA (4): GRABACIÓN DE LAS HOMILÍAS



Durante varios domingos algunos feligreses y los sacerdotes habían observado cómo varios agentes de la Policía Municipal, vestidos de paisano, escondían un magnetofón (Philips-cassette) debajo del abrigo o gabardina sujeto al cinto del pantalón y asomaban un micrófono por la manga en dirección a un altavoz para grabar las homilías. El lugar era detrás de las últimas columnas. Después de las misas, se dirigían al Ayuntamiento, mirando para atrás a ver si alguien les seguía.
El domingo 11 de marzo de 1973 en la misa de 9 de la mañana, hacia la mitad de la homilía pronunciada por Angel Garamendi, José Goñi advirtió que un señor estaba grabando. Lo invitó a pasar a la sacristía, pero él no hizo caso. Resultó ser el agente municipal Juan Vidal Lamiña, domiciliado en Baracaldo. Invitado a marcharse, lo hizo. Poco después el mismo sacerdote observó que otro agente estaba grabando en el otro extremo de la basílica y lo invitó a pasar a la sacristía, a lo que accedió. Resultó ser Antonio Tabares Rodríguez, domiciliado en Santurtzi.
Terminada la misa, al Sr. Tabares se le pidió que borrase la cinta ya que su contenido pertenecía a la Iglesia y su uso fuera del templo podía ser ilegal y la responsabilidad no era de los sacerdotes. Contestó que había recibido órdenes de sus superiores y que no borraba la cinta hasta que ellos se lo mandaran. Reconoció que los mandaban a ellos todos los domingos porque no eran vecinos de Portugalete y pasaban más desapercibidos.
Mientras tanto, el sacristán Manolo Fernández y el médico D. Angel Alday bajaron al Ayuntamiento para hablar con el jefe de la Policía Municipal Sr. Armendáriz. Este les dijo que el Sr. Tabares estaba cumpliendo sus órdenes.
Los curas llamaron al obispo para consultarle sobre la posibilidad de hacer algo. El obispo contestó que no había impedimento canónico ni legal para grabar en magnetofón en el templo, que por las buenas le pidieran al agente municipal borrar la cinta, que, si no aceptaba, firmase un escrito en el que manifestase las condiciones en las que se llevaba la cinta grabada y, si no aceptaba, que unos testigos lo declarasen por escrito. El agente no accedió a nada.
Subió del Ayuntamiento el agente Juan Vidal Lamiña diciendo que el Sr. Tabares bajase inmediatamente. Los sacerdotes insistieron en que se podía ir, pero que no estaba claro si tenía que borrar la cinta o no. Vidal llamó al Ayuntamiento comunicando la situación. Le contestaron que esperase.
Angel Garamendi y Angel Alday fueron a casa de D. Casimiro Ramón, alcalde en funciones, para notificarle la situación y razonar el problema de la cinta. Como no estaba en casa, desde allí le llamaron al Ayuntamiento y les respondió que inmediatamente iba a dar órdenes a los agentes que estaban en la sacristía.
Después de media hora de espera, nadie llamó. Desde el Ayuntamiento llamaron muy nerviosos y sin identificarse: “Subo ahora mismo, que esperen”, “Como no suelten e los agentes, aténganse a las consecuencias”. Por el timbre de voz, debía ser el Sr. Lindosa, Se le contestó que los agentes no estaban retenidos y todos esperaban lo que dijese el alcalde, como había prometido.
A las 11, 30 llamó José Manuel Esparza, alcalde real, diciendo que saliesen los agentes con la cinta. Los curas le advirtieron la posibilidad de suprimir el resto de las misas del domingo notificando al pueblo la situación creada y quiénes eran los responsables. Respondió Esparza que los agentes estaban bajo sus órdenes y que en todos los sitios de España estaba permitido grabar con magnetofón.
Salieron los agentes y los sacerotes dudaron si celebrar las misas siguientes o no. De momento la celebraron y llamaron al obispo para consultarle. Al no encontrarlo, hablaron con el vicario de pastoral José Angel Ubieta, que les recomendó celebrarla exponiendo al pueblo fiel lo que había pasado.
Tabares y Vidal dejaron escrito para el jefe de la Policía Municipal que grabaron la homilía para oírla en su domicilio con su familia y que no habían recibido la orden de grabar.
El 12 de marzo, lunes, los curas estuvieron con el obispo y se comprometieron a hacer un informe para que él hiciese el uso oportuno.
Lindosa escribió al alcalde para informarle de que los agentes deseaban denunciar los hechos en el Juzgado de Instrucción de Guardia. También le decía  que esperaba sus órdenes para instruir diligencias contra los sacerdotes por el delito de secuestro y coacción, aconsejado por el secretario municipal.
Hasta 1975, cuando murió José Manuel Esparza y desaparecieron Lindosa y Villán Castañeda, los curas en todas las misas venían a decir que la comunidad la componían todos los presentes menos los policías municipales que iban como chivatos a grabar las homilías para denunciarles. En el Archivo Municipal hay 89 copias mecanografiadas de las grabaciones. El encargado de transcribirlas a mano era en muchos casos José María Miravalles Uriabarrena, secretario general del Consejo Local del Movimiento. La mayoría de las copias las firmó Manuel Fernández Castro como jefe accidental. El alcalde le enviaba semanalmente al gobernador la copia correspondiente. A pesar de tanto trabajo por parte del municipio, los curas no consiguieron convertir a ninguno.


Postdata: El diario Gara de 31 de mayo de 2008, 36 años después, decía con respecto a la parroquia Santa Maria de Portugalete: “En 1972, guardias municipales llegaron a acudir con intención de grabar la homilía pistola en mano, lo que generó un gran revuelo entre los feligreses”. No señalaba en qué fecha, quién les vio, quiénes eran esos guardias, dónde estaban para las grabaciones, qué pintaban con “pistola en mano” y en qué consistió el revuelo entre los feligreses. 


lunes, 20 de marzo de 2017

ESCUDOS DE LAS ÓRDENES Y CONGREGACIONES RELIGIOSAS DE PORTUGALETE (9):ESCUDOS DE SANTIAGO Y SAN IGNACIO (AULA MAGNA UNED)



Al visitar la antigua capilla de la Casa de Ejercicios, me he quedado sorprendido por la belleza de la puerta de entrada, en la que por su parte exterior aparecen tallados los escudos de SANTIAGO y el del linaje de IÑIGO DE LOYOLA, con unas leyendas bajo ellos que dicen SANTIAGO y S. IGNACIO.
No creo que se tratase de hacer un gesto de agradecimiento a Santiago Martínez de Lejarza o a su nieto Santiago Martínez de las Rivas, cuyo primo José Mª Olabarria Mtnez. de las Rivas, cedió la finca a la Compañía de Jesús, pues lo normal hubiese sido colocar el escudo de Lejarza junto al de la familia del santo o aún mejor al monograma IHS.
Más lógico sería encontrar el paralelismo entre el apóstol Santiago e Iñigo de Loyola y solo se me ocurre que quisieran expresar el espíritu militar que envuelve a ambas figuras. Santiago aparece espada en ristre en las imágenes que conmemoran su aparición durante la batalla de Clavijo en el 844, inspirando posteriormente el nacimiento de varias órdenes militares, como la de Santiago cuyo emblema es “una cruz latina de gules simulando una espada, con los brazos rematados en flor de lis y una panela en la empuñadura”. También se dice, que en tiempos de las cruzadas, los caballeros llevaban pequeñas cruces con la parte inferior afilada para clavarlas en el suelo y realizar sus oraciones diarias”.
A Iñigo, le apasionaba la vida caballeresca y al morir su madre le enviaron a Arévalo, a casa de Juan Velázquez de Cuéllar, donde fue familiarizándose en el dominio de las armas. Acabó sirviendo al Virrey de Navarra ejerciendo de militar del ejército castellano que había invadido Navarra en 1512. En 1521 cayó herido en Pamplona cuando las tropas navarras y francesas intentaron recuperar el reino desde la Baja Navarra. En el otro bando estaba la familia de Francisco de Xabier y paradojas de la vida, ambos formaron parte años después del primer embrión de la Compañía de Jesús.
El escudo de su linaje era doble: la parte derecha corresponde a OÑAZ y está formada por siete bandas rojas sobre campo de oro, que representaban la participación de Juan Pérez de Loyola y otros seis hermanos, en la batalla de Beotibar que libraron navarros y guipuzcoanos en 1321, concediéndoles este linaje el rey Alfonso XI.
El escudo de LOYOLA, con una olla colgada de las llares (cadenas) y flanqueada de dos lobos rampantes, son las armas que aparecen sobre la puerta de la Casa Torre de Loyola. Los lobos pueden significar agresividad y astucia guerreras, así como la olla identifica a quien es capaz de poner en pie de guerra y sustentar por su cuenta una mesnada. También puede identificar a alguien que ha conquistado una fortaleza y ha entrado hasta la cocina. El nombre de Loyola viene de los lobos y la olla que aparecen en el escudo familiar “lupus in olla”.
Ambos aparecen como azotes del enemigo de la Iglesia Católica, personificados en los musulmanes y en los protestantes.
Si interesante es la parte exterior, no menos lo es la interior, con un diseño idéntico en el que se muestran dos escudos enigmáticos. El de la derecha, muestra las letras griegas P “rho” y W “omega minúscula” (invertida), que están coronadas por siete estrellas. En astrología, Virgo se representa () y es el sexto signo del zodíaco y simboliza el servicio y el trabajo, representando en la antigua Grecia una Virgen. Ha sido identificada con varias diosas como Astrea e incluso con Afrodita y para los romanos representaba a Ceres, diosa de la agricultura, cosechas y fecundidad. Posteriormente, los Padres de la Iglesia cristianizaron esa mitología, convirtiendo a Virgilio en un profeta, asimilaron la Virgo (Astrea) con la Virgen María y a Jesús con el virgiliano "naciente niño, por quien la vieja raza de hierro termina y surge en todo la nueva Edad Dorada del mundo". No sería extraño que quisieran representar en la talla a la Virgen María, ya que en el otro escudo está clara la representación de Jesús.
Se llama Crismón y es el monograma de Cristo. Está formado por las letras griegas X (chi) y P (rho) que son las dos primeras letras del nombre de Cristo en lengua griega, KHRISTÓS que significa: “el ungido”. Del centro surgen siete rayos, número idéntico al de estrellas del otro escudo.

JOSE LUIS GARAIZABAL FLAÑO

Fotografías: Jose Luis Garaizabal (2016)
Bibliografía:

(Angel Almazán) y wikipedia


domingo, 19 de marzo de 2017

FACUNDO SOLDEVILLA, "EL CHURRERO"



En Portugalete siempre recordamos los puestos de churros, siendo sus propietarios generalmente personas populares y respetadas en la Villa. Remontándonos a los últimos años del siglo XIX nos encontramos a nuestro personaje, Facundo “el churrero”, que estableció una larga saga tras casarse tres veces.
Facundo Soldevilla había nacido en 1861 en el pueblo alavés de Oyón y con 20 años se vino a casa de una tía suya, Agapita Soldevilla casada con Matías Lasa, luego carpintero, que había llegado un año antes y vivía en el nº 1 del barrio de Azeta. En esta casa donde residían más de una treintena de personas, la mayoría jornaleros burgaleses que trabajaban en las fábricas cercanas, estuvo un año, hasta que con su tía se trasladó a la calle del Medio.
Persona inquieta y emprendedora empezó, como los demás emigrantes, de jornalero en las fábricas, pero pronto, tras observar en unas fiestas de Leioa, como hacían y vendía churros en un puesto ambulante, decidió dedicarse a este negocio, que alternaría con diversas tareas en la ría.
No habían pasado tres años cuando ya lo encontramos viviendo en la travesía Santa Clara, casado con Carmen Sañudo, natural de Zalla, con la que tuvo a sus primeros hijos Pedro, Francisco y Josefa.
Por si no eran pocos, un día yendo camino de Gallarta a la romería de San Antonio con el carro tirado por un burro en el que llevaba todos los bártulos de su profesión de churrero, se les unió un ciego acompañado de su lazarillo.
Pedro Heredia decía que “el ciego, de edad madura, algo debía ver pues hacía muy bien la esgrima del palo en las costillas del muchacho”.
En el camino éste se hizo simpático a la mujer de Facundo. “Ya en Gallarta se completaría su conquista. Dormía el niño junto al horno de la churrería y observando en él aquel semblante de inocencia, la mujer comenzó su ataque sentimental a su marido.
 -¡Recógele Facundo! ¡Pobre chico! ¡Tener que ir con esa mala bestia!
El churrero, un riojano brusco pero noble de corazón, calculando sus necesidades familiares, replicaba:
-¡Otra boca más! ¿Es que no tenemos pocas?
No hay nada que no consiga una mujer cuando se lo propone, y así, poco a poco, con insistencia machacona, acabó con la resistencia de Facundo, quien, cuando acabó la romería y recogieron los bártulos, antes de emprender el regreso a la Villa se encaró con el niño y con aquel acento de autoridad un tanto brusco de los riojanos, le dijo:
-¡Pinche! ¡Vamos caminando! ¡Tú ya eres de los nuestros!
Así quedó el muchacho, Gregorio del Campo, con lo de “El Pinche”. Había nacido en 1878 en Santa María del Invierno en la comarca burgalesa de los Montes de Oca, y tenía 11 años. En lo sucesivo formaría parte de la familia del churrero, que entonces vivía en Coscojales, y con quien aprendería los trabajos de la mar.
Facundo, se trasladó a vivir al Muelle Viejo, a la casa del ataúd, donde nació Guadalupe, la última hija de su primera mujer que murió dejándole viudo sin ver el siglo XX. Aquí dedicado a todo tipo de ocupaciones relacionadas con el movimiento del puerto, como apañar las “barreduras” del carbón en los barcos que atracaban en la dársena, o atender al bar donde servían comidas, gestionado por sus hijos, se convirtió en uno de los personajes populares de aquellos años al igual que los recordados Víctor Urrestarazu, Gorrión, los Colillas, etc.
El vate popular le incluyó en aquella canción que empezaba:
El Muelle Viejo, señores, ya no es de Portugalete,
que se quiere gobernar como pueblo independiente.
De alcalde, Víctor “El Buzo”, de secretario, Sotero,
serenos Canillo y Angel y de alguacil “El Churrero”.
Facundo se casó en segundas nupcias con Dionisia Prieto, también viuda con dos hijas, y pasó a vivir al número 2 de la calle Salcedo. En el padrón municipal encontramos que Gregorio, “el pinche” figuraba entre su familia como criado.
Sería a finales de 1901, cuando éste se casa con Natalia Criado, de la que ya hablamos en este blog y con la que tuvo 13 hijos, una de las proles más numerosas que se recuerdan en la Villa. Para Facundo esta rama de “los pinches” siempre fue parte de su familia, y Nisio el palangrero, hijo del pinche, solía recordar que su padrino había sido Paco, el hijo del churrero. Hoy en día un eslabón de esta saga familiar de los pinches, Txomin Hermosilla Gómez, se encuentra por Norteamérica trabajando para la NASA.
Facundo tuvo otras tres hijas de su segundo matrimonio y tras quedar nuevamente viudo se volvió a casar. Murió en 1950.
Estamos pues ante una saga portugaluja amplia, pudiendo recordar entre sus hijos a Francisco Soldevilla Sañudo, conocido en el muelle Viejo por su bar “El Churrero” y que salió elegido concejal en las listas del PSOE en la primera corporación republicana del año 1931. En las fotos inferiores aparece en el balcón del bar y frente a él con gente del muelle Viejo.
Casado con María Egusquiza, hizo consuegros a nuestro Facundo “el churrero” y a Gabriel Egusquiza, “Napoleón”, otra estirpe de portugalujos dedicados a los trabajos de la ría y el puerto, que había conseguido su apodo por su actuación en la guerra carlista. Viejo lobo de mar, habitual en los salvamentos de náufragos en la barra, por los que había sido reconocido en dos ocasiones con sendas medallas y diplomas, vivió los últimos años con una lesión grave al corazón que le atendía el Dr. José Luis Aldecoa. Sin embargo, tenía 73 años, cuando un muchacho se cayó al agua frente a la estación, no dudando en lanzarse salvandole la vida, aunque ello fuera la causa de que días después su corazón le fallara definitivamente. Su heroica actuación en 1928 causó gran impacto en la Villa.

Paco Soldevilla murió durante la guerra civil en el frente y de su matrimonio con María Egusquiza, recordaremos a su hijo Francisco, maquinista naval, que emigró a Nueva York donde estudió y se doctoró en literatura hispánica, casándose con una hija de españoles y a su hija Mª Carmen. Esta se casó con José Luis Ranero Tejedor, con lo que la saga del churrero se enlazó con la saga de “los de la Narria”, que constituyera igualmente a final del siglo XIX, el carranzano Emilio Ranero. Fue también Pedro Heredia quien nos habló de él: “Emilio había sido antes mayoral de la diligencia de Solares a Santander, y por su gran experiencia en el comercio del ganado, su opinión era muy estimada en el trato y justiprecio, al que era llamado con frecuencia.
Cuando se instaló el tranvía entre Bilbao y Portugalete, Emilio se hizo cargo del reparto de mercancías, poniendo en práctica una idea rural en la Villa de las calles empinadas: La narria.
Y cayó tan simpática la narria en nuestra Villa que a los miembros de dicha familia se les llamó en adelante, sin prescindir de sus nombres propios, “los de la narria”.
Por su parte su hija Guadalupe Soldevilla Sañudo, que había nacido en la casa del ataúd, se casó con Juan Contreras Soldevilla, con lo que la familia del churrero se enlaza con la conocida familia de carniceros de Juan Contreras. Ambos eran primos carnales por lo que tuvieron que obtener previamente dispensa papal. A su vez este pasaba a ser cuñado del popular Félix Parras, con fábrica de embutidos en Abatxolo.
De esta rama del árbol genealógico procede su nieto el industrial, actual propietario del Palacio Oriol junto a la muga con Santurtzi, José Luis Contreras Soldevilla.

Como no se trata de recoger todo su árbol genealógico acabaremos citando que de sus tres hijas del segundo matrimonio, Paula, Dionisia y Bienvenida Soldevilla Prieto, esta última es recordada por haber atendido toda su vida la taquilla del Puente Colgante, tras ocupar el puesto que ocupara durante muchos años su sobrina.






jueves, 16 de marzo de 2017

LOS MONUMENTOS A LOS “CAÍDOS POR DIOS Y POR ESPAÑA” (2)





Continuamos hoy con el trabajo de José Manuel López Díez sobre la segunda escultura que hubo en los jardines de la torre de Salazar, ambas homenajes a las víctimas franquistas de la guerra civil, obra de Jesús Torre Goiricelaya, y que el autor denomina:

El monumento de nunca acabar

Ya con José Manuel Esparza Mangirón sustituyendo a Bayo en la alcaldía, la Comisión Municipal Permanente acordó el 30 de diciembre de 1965 que, “con motivo de los nuevos arreglos que se están realizando en los jardines donde se halla situada la Casa-Torre Salazar, y deseando instalar un nuevo Monumento a los Caídos que reemplace al actual” se encargase a Torre que presentara un proyecto de construcción del citado monumento.
Más adelante se consignarán otras razones para esta decisión. Antes, Esparza informó a la comisión de que había concluido con el escultor que “el monumento a los Caídos va a ser de línea estilizada y un precio de 130.000 pesetas que se incrementará en 20.000 pts. más, haciendo un total de 150.000 pts. por las letras de bronce y otros motivos ornamentales independientes del compuesto escultórico. Y que Torre “se había pronunciado en el sentido de que se le anticipara a buena cuenta el 50% del importe, para pago de materiales”. Así se aprobó el 28 de enero de 1966.
Pese a todo, el 10 de mayo de 1968 la comisión acordó señalar al escultor la fecha del 18 de Julio “para que haga entrega a este Ayuntamiento del monolito a Los Caídos, ya que se está demorando mucho este asunto y una parte importante del presupuesto de esta obra” se había abonado a Torre. La impaciencia del organismo se traslució de nuevo el 11 de julio de 1969, cuando aprobó comunicar al escultor “para que manifieste terminantemente la fecha en que quedará definitivamente terminado el monumento a Los Caídos”.
Llegamos a 1970. El 9 de junio, Esparza “dio cuenta de las conversaciones que en los últimos días ha celebrado con el escultor Sr. Torre, sobre la situación del monumento a Los Caídos, visitando con él la zona del Parque, entre la Torre de Salazar y la Basílica de Santa María, donde está colocado, dándole cuenta de las dificultades de última hora en la terminación de las dos figuras laterales, y comprobando que la figura central se encuentra totalmente terminada y fundidos los dos grandes escudos de España y Portugalete, que colocará a derecha e izquierda de la base de piedra. Le mostró, también, pruebas y tamaños de las letras en bronce para las inscripciones, por lo que cree será una realidad en fecha próxima, la entrega de la obra”.
Acto seguido, se explayó ante la misma “Comisión de Embellecimiento” e “hizo hincapié de nuevo, en lo ya conocido por todos los miembros de la Comisión y Ayuntamiento, que era necesario recalcar; la realidad de una obra, distinta totalmente de las que figuran en otros pueblos e incluso Capitales; el contraste tremendo con la que se derribó, verdadera vergüenza hasta para los indiferentes; el precio a que contrató, que ha obligado a paciencias y concesiones, en evitación de que dejara la obra, aun perdiendo lo invertido, colocándonos en una postura dificilísima y sobre todo el aguantar el ‘eso’ de los artistas que trabajan, según ellos, solamente en momentos y en olor de inspiración”.
Igualmente, Esparza comunicó el 3 de julio a dicha entidad que “existe un compromiso formal con el Escultor”, de que el monumento “se inaugurará dentro del mes de Agosto próximo, para lo cual, mañana día 4, firmará el correspondiente escrito en el que hará figurar la aplicación de penalidades económicas si, pasado dicho mes, no lo hubiera entregado”. Además, “se dará cuenta de lo tratado con el Escultor, a la Jefatura Provincial del Movimiento, que está interesada en la cuestión”.
Según la comisión permanente del 13 de julio, Torre envió una carta “manifestando que para antes de que finalice el mes de Agosto, quedará terminado el Monumento a Los Caídos, y caso contrario, se hace responsable de una penalidad de QUINIENTAS pesetas diarias a partir del 1º de septiembre”. Y el 24 de julio, la comisión dio cuenta del oficio remitido por la alcaldía al escultor, “recordándole que dentro del mes de Agosto deberá terminar la escultura que se le encargó en su día, así como los vencimientos que se le han dado para el abono de la cantidad aún pendiente de pago”.
¿Se cumplió la sanción? Desde luego, Torre no acabó la escultura entonces. La comisión apuntó el 5 de febrero de 1971 que un teniente de alcalde había visitado el estudio de aquel, “con el fin de ver el estado en que se encontraba el monumento a los Caídos, habiendo comprobado que una de las figuras de los dos niños, se encontraba prácticamente terminada, y la otra, aproximadamente, en su mitad, habiéndole indicado el citado Escultor que estaría terminada para Semana Santa”. No obstante, el secretario municipal corrigió el acta días después: “por error se hizo constar que de las dos figuras que componen el monumento, una se encontraba terminada y la otra en su mitad, cuando en realidad una de ellas se hallaba sin comenzar y la segunda estaba realizada en su mitad”.
A todo esto, el vespertino bilbaíno Hierro anunciaba el 2 de noviembre de 1971: “Portugalete: el monumento a los Caídos se inaugurará próximamente”. Y proseguía:

“Muchas personas en Portugalete nos han preguntado, y nosotros mismos nos habíamos hecho la misma interrogante, sobre cuándo se inauguraría el monumento a los Caídos que se está erigiendo hace tiempo ya en los jardines del campo de la iglesia, junto a la torre de Salazar.
A tal fin preguntamos a un miembro de la Corporación Municipal, de la Comisión de Arte, Cultura y Música.
―Mira, esto no depende del Ayuntamiento, sino de cuándo nos entregue la obra terminada el artista.
Y el artista es el conocido escultor arenero y buen amigo nuestro, don Jesús Torre, autor, entre otras muchas, de la imagen que corona la torre del Colegio de Santa María.
Con ocasión de un reciente acto oficial nos lo tropezamos.
―Sí, por diversas circunstancias me he retrasado; la demora se debe solamente a mí, pero lo tengo prácticamente terminado y próximamente haré su entrega.
El Ayuntamiento, por su parte, celebrará la inauguración una vez que le sea entregado. Así, que esperamos que el amigo Torre haga desaparecer lo antes posible el feo cercado que rodea el monumento y tan bonito lugar”.

El 24 de marzo de 1972 aparece la última nota de la comisión permanente sobre este asunto. En ella, Esparza informa de que “por lo significativo de la frase en los momentos actuales, en el Monumento a los Caídos se pondrá la frase que diga: ‘Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles’ (José Antonio Primo de Rivera)”. Pertenece al testamento del fundador de Falange Española.
Finalmente, el monumento fue inaugurado el 14 de julio de 1973, junto a otras obras y servicios municipales, cuatro días antes de la fiesta que conmemoraba la sublevación fascista de 1936. Hacía más de siete años que el ayuntamiento había encargado la escultura, cuyo costo definitivo ―375000 pesetas— duplicó con creces el original.







miércoles, 15 de marzo de 2017

Mª DOLORES VEDIA GOOSFENDS



Hoy recogemos la última ficha biográfica aparecida en el periódico enportugalete.com, en las que seguimos intentando hacer visible la importancia de las portugalujas en los siete siglos de existencia de la Villa, en este caso con dos mujeres que durante el siglo XIX fueron conocidas entre nosotros como las señoras de la torre de Ibarreta.
Mª Dolores Vedia es una de las pioneras en la literatura culinaria de nuestro país y su hija Isabel Uhagón, fue la madre del famoso explorador, nacido en Bilbao, Enrique Ibarreta que en su niñez correteaba por nuestras calles.
Como no tenemos fotos de ellas hemos reproducido su torre, que justo aparece en la izquierda en el mural de Echarte en el ayuntamiento y que nuestro querido amigo hizo tomando como base el grabado de 1846.
Los recogemos juntos, donde se aprecian los detalles que el pintor incorporó al mural intentando darle más vida.
Sobre esta torre y sus moradores ya hablamos en otra entrada de este blog (Ver pinchando).



martes, 14 de marzo de 2017

MUJERES PORTUGALUJAS: MARIVI, LA ZAPATERA


En la calle del Medio, la calle de las zapaterías en el siglo pasado, hay hoy una que va a ser centenaria. Nos lo cuenta en primera persona Mariví Gutiérrez, su rostro más recordado.
Mi padre Pedro Gutiérrez Rodríguez, nació en 1890 en Pampliega, Castrojeriz (Burgos). Tenía un amigo que mantenía correspondencia con un zapatero de la calle del Medio, Santiaguito, con el fin de venirse a vivir con él y trabajar de aprendiz como era costumbre en aquella época. Pedro que le ayudaba a escribir las cartas, cuando vio que su amigo se echaba para atrás, se decidió a venir en su lugar.
En 1906, con 16 años, llegó solo a vivir con la familia de Santiaguito, trabajando y aprendiendo el oficio de zapatero. Unos años más tarde, bailando en el txitxarrillo de la Plaza, conoció a Lola Román, una joven de Sopuerta que había venido también a trabajar a la Villa un año antes que él, y se casaron en 1915, llegando a tener seis hijos, la pequeña de las cuales es quien rememora la historia.
Se fueron a vivir a la calle Santa María donde se estableció por su cuenta como zapatero remendón y de mesa, ya que confeccionaba zapatos. Unos años más tarde, en 1919, se pasaron a vivir a la calle del Medio, al nº 26, y en la planta baja abrió la tienda “El Desengaño” dedicándose también a la venta de calzado. 
Enfrente había una zapatería de gran prestigio, la Bota de Oro, a la cual venían clientes de toda Bizkaia, y ante los que le dijeron de que no iba a vender nada, él contestó: ¡No me voy a ir al Serantes! Estaré satisfecho si sólo uno de cada diez clientes de la Bota de Oro me compra a mí.
El negocio le fue muy bien y en poco tiempo pasó a dedicarse sólo a la venta de calzado, cambiando el nombre a Zapatería PEDRO.
“Pedrito el zapatero”, como le conocían cariñosamente sus amigos y parroquianos, mantuvo gran amistad con el Doctor Zaldúa a quien arreglaba al instante las máquinas e instrumentos de su consulta que tenían correas de cuero, y a quien le hizo a la medida, los zapatos de boda de su futura esposa. 
Murió a los 70 años, en 1961, tras medio siglo de trabajo entre calzados.
Calzados Pedro, empezó una nueva etapa llevado por su hija pequeña en compañía de su hermana Mertxe, soltera, en una época en la que esta calle era el epicentro comercial de la localidad, llegando a tener hasta 14 zapaterías. “Pedrito” solía decir, “en esta calle, alfileres que te pongas a vender, vendes y con eso ya vives. Se vende lo que sea ya que la gente viene de todos los sitios a este lugar estratégico, al fondo del corte de la Ría”.
Tras algo más de un cuarto de siglo, en 1988, al jubilarse las dos hermanas, el negocio familiar vuelve a sus orígenes ya que desde entonces y hasta el día de hoy lo regenta Lourdes Sacristán, casada con el nieto de Pedro e hijo de Mariví, siendo una de las pocas mujeres que se dedican a este viejo oficio de zapatero remendón, manteniendo el nombre de
REPARACIONES
PEDRO
KONPONKETAK.