martes, 15 de noviembre de 2011

ILUSTRACIONES DE LA ULCERA: LA PLAZA DE LA RANCHERIA LUGAR DE LAS CAPEAS DE HACE UN SIGLO


Mientras el último libro de la Colección El Mareómetro sigue en imprenta, recogemos hoy una de sus ilustraciones, la de la plaza de la Ranche, cuando todavía tenía hacia el Cristo los dos edificios, el famoso Cuartelón y el anterior de la calle del Medio separados por un angosto pasaje que unía las dos plazas del Cristo y de la Ranche y que desaparecerían a principio de los 40 para dar paso al actual único edificio.
En esta plaza además del mercado de los cerdos y otros tipos de actos se hacían en los primeros años del siglo XX las famosas capeas, como nos lo cuenta Joseba Gotzon en su historia de la música en Portugalete:
Los domingos y días festivos cambiaba la fisonomía de la Villa debido al trasiego y estancia de los forasteros, sobre todo en la época estival en que se celebraban las famosas «capeas» en la Plaza de la Ranchería. A estas «capeas» de gran regocijo para los grandes y chicos durante las dos horas que duraba el espectáculo, el público celebraba las pintorescas incidencias, entre burlas y explosivas carcajadas.
El acontecimiento tenía su rito protocolario. Una hora antes de dar comienzo, un personaje popular conocido por el sobrenombre de «Enero», vestido de alguacilillo y tocado con un sombrero alado, del cual emergía un soberbio airón paseaba majestuoso por las calles y aledaños de la Villa. Este airón era el pregonero de la fiesta.
Momentos antes de la hora señalada para la lidia, formaba la Banda de Música «Euterpe», subvencionada por el Municipio para amenizar las fiestas, frente a la Casa Consistorial, y a los acordes de un pasodoble torero –generalmente «La Gracia de Dios»– ascendía por la calle del «Medio», seguida de la grey infantil hasta el edificio del «Cuartelón» en cuya fachada zaguera que daba vista a la Plaza de la Ranchería, se improvisaba una tribuna de madera donde tomaban asiento los músicos –cubiertos con boinas rojas– a las órdenes del maestro Meléndez. A un lado de la tribuna se instalaba un balconcillo, desde el cual presidía la fiesta el señor Alcalde acompañado de dos Concejales, representantes de la Comisión de Festejos, y previa la señal por parte del señor Corregidor de la Villa, corría la llave el alguacilillo de marras, alias «Enero» y daba principio al festejo con la salida del primer novillo por el portón del corral, situado en el lugar que luego ocupó «El Metro».

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