sábado, 25 de febrero de 2017

EL RELATO DEL FIN DE SEMANA: MIS KIOSCOS



Días atrás, en el trascurso de la caminata diaria, veo que aquí, donde resido desde 1977, quedan pocos, sólo dos, de los kioscos que conocí y me vino a la memoria que había leído en un diario, en uno de esos que se cogen de balde en la puerta de la farmacia, que el kiosco de la calle del Medio, el que está en V. Chávarri casi a la entrada del Cantón de la Iglesia, no termina de ser abierto tras ser restaurado. (Tomé nota en mi libretilla para escribir sobre ello. Aquí tenéis mi reflexión.)
 ¡Cómo pasa el tiempo!, a primeros de los setenta, el joven portugalujo, casi llegando a los dieciocho, pasaba por un rito de iniciación, por una ceremonia que pocos advierten: comprar el periódico por primera vez.
Cree que ya es mayor y que llevar el diario, supone haber realizado el tránsito a ser un adulto serio. En esos años, que refiero respecto a mí, la prensa disponible, escasa, era LA GACETA ó EL CORREO. Aparte de esos diarios no había mucha elección: la HOJA DEL LUNES, el ESPAÑA SEMANAL y poco, o nada, más. Aunque ocurría que ese último, a veces, no llegaba, “cosas del temporal del estrecho”, decía Merche en su kiosco del cruce entre El Ojillo y Carlos VII. Y es que era editado en Tánger, por lo que el enfoque de la noticia en la cabecera y en las columnas interiores, era de “otro” estilo. En ésas páginas, por ejemplo, se leía “guerra civil”, no cruzada.
A este diario llegué tarde, los pocos que he tenido en mi mano eran de coleccionista o de hemeroteca. En ese kiosco, camino de la Uni o de la fábrica, compraba yo mi diario.
Un detalle que se cuenta poco es que la elección entre GACETA y CORREO dependía mucho del trabajo que desempeñaba el comprador del periódico. La GACETA, por su formato sábana, independientemente de su contenido, era el que venía mejor para envolver la ropa azul-mahón cada lunes.
En un párrafo anterior, hacía referencia a Merche, que, con su madre y, después con su marido Alberto, regentaron, mucho tiempo, el kiosco de madera pintada de verde que hubo junto al jardín, bordeado unos duros bancos de cemento con tablones de madera para respaldo, de la ermita de San Roque. Cuando era más joven que ahora, por el año 60, y tenía dos pesetas de paga, era allí donde me estrené comprando el JAIMITO -1,50 pts.- y me sobraba para alguna golosina. Más adelante, ese lugar fue reordenado y mi kiosco se convirtió en un elegante puesto en metal y cristal.
En la otra punta de El Ojillo, estaba Sofi, pero hace años que ella no está. Era la proveedora principal de mis lapiceros preferidos: los que tenían pintada la tabla de multiplicar y los que tenían el fuste pintado en olas de colores sin mezcla. Allí tomaba el autobús de Encartaciones para subir a Urioste ó los domingos a La Arboleda; luego, cambiarían el lugar de la parada de salida.
Un poco más arriba, en El Ojillo, estaba Seve, a quien comprábamos chucherías principalmente: regalices de ZARA, chicles, pipas,… y le preguntábamos por sus coches: el Biscúter, el Isetta de tres ruedas - un “huevo” -,…
De más tarde, era el kiosco de los Canales, junto al Cine Mar, pero eran otros tiempos y, ya mayores, no establecimos vínculos duraderos. A veces, les compramos alguna golosina para acompañar la película en el cine.
El sol siguió levantándose muchos días y fue posible comprar los periódicos en las panaderías, en las papelerías y librerías,… hasta los bares tenían la prensa del día para ofrecer a los clientes, que leían mientras tomaban el blanquito. Incluso hubo algunos repartidores de los diarios del domingo, cosa que no duró mucho.
Esa presencia tan amplia debe ser la causa de la ausencia de los kioscos que conocí.
Bien, para terminar, haré una observación y quizá alguien tenga la respuesta: ¿ por qué ahora está mal visto ir a trabajar con el periódico bajo el brazo ? 

MARTINTXU




2 comentarios:

  1. Otro kiosko era el de Mari Ángeles, qué hora lo lleva su hijo Manolo, está en la calle San Roque, en la unión con Axular.

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  2. No sé si se tratará de esa Mari Ángeles, pero recuerdo que el ya viejo quiosco que hace esquina San Roque con Axular, hacia 1984 lo rejentaba mi profesora de inglés (que se ve que así de paso tenía un sobresueldo que completase su mermada paga como teacher), profesión que llevó a cabo en el cercano colegio Virgen de la Guía
    Aitor González Gato

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