jueves, 18 de mayo de 2017

LA HUELLA DE UN PORTUGALUJO EN MEXICO: FRAY JUAN BAUTISTA DE MOLLINEDO




En 1957 un artículo del marqués de Lede, descubrió que el agustino José Gabriel de Lasurtegui “muerto en olor de santidad” en Sevilla en 1862, tras hacer una notoria labor en Peru, había nacido en Portugalete. El ayuntamiento aprovechó entonces para poner su nombre a una nueva calle.

Si hubiera sido hoy, en la época de internet, quizás se lo hubieran puesto a este otro fraile portugalujo que comentamos y del que se puede encontrar amplia información en la red, pues como se ve ilustrando esta entrada tres pueblos mexicanos tienen en sus calles esculturas en su recuerdo como fundador de los mismos.

Juan Bautista de Mollinedo (1557-1628) que participó en el descubrimiento y colonización de amplios territorios del país azteca, se embarcó de muy joven a América, y allí atraído por la labor de los frailes franciscanos ingresó en su convento de Acambaro (México) llegando a ocupar un alto cargo en dicha congregación. Interesado por la vida de los indígenas aprendió sus lenguas y preparó un proyecto misionero y de colonización de los mismos.

Vino a España para darlo a conocer y en 1601 regresó con un grupo de franciscanos dispuesto a llevarlo a cabo. En 1607 fue el primer europeo en adentrarse en tierras aztecas tomando contacto con los originarios pobladores y levantando las primeras iglesias que se construyeron en aquellas tierras para los indígenas mayas.

En 1612 una cedula real le permitió fundar misiones en esta región con el cargo de Comisario. Entre ellas destacan en 1617, los pueblos de Rioverde, Valle del Maíz, Tula, y Jaumave, en donde hoy se levantan esculturas públicas en su memoria.

Durante la década siguiente junto con otros miembros de su congregación recorrió buena parte de esta zona de México, catequizando a diversas tribus indias y fundando congregaciones de su orden.

Como responsable franciscano de la estas nuevas tierras viajó a España para tratar la controversia entre el Arzobispado de México y las órdenes religiosas de agustinos, dominicos y franciscanos y aquí cayó enfermo muriendo en el convento de Madrid en 1628.

Hoy la historia de aquellos pueblos le recuerda y reconocen su labor con las citadas esculturas, pinturas murales o un colegio que lleva su nombre.












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