viernes, 18 de agosto de 2017

PORTUGALETE 1936: LAS MISERABLES VIVIENDAS DEL FUERTE SAN ROQUE.






Las miserables viviendas del Fuerte San Roque. Numerosas familias viven hacinadas en pocilgas inmundas y malolientes. Goteras, carencia de agua, ratas, piojos y enfermos de tuberculosis.



La ironía popular nos ayuda a llegar a Abisinia en el espacio de unos minutos.
Por este nombre es conocido más vulgarmente el fuerte de San Roque. El ánimo y el valor de una clase que se sabe fuerte y dueña del porvenir, ha puesto sus notas irónicas de condenación. No obstante el nombre de Abisinia se nos antoja poco afortunado, se nos antoja una ofensa al pueblo etíope. Presumimos que allí viven mejor.

Pero marchemos sobre Abisinia. No de la Abisinia hollada por la bota sangrienta del fascismo italiano, sino de esta Abisinia que está aquí, cerca, a unos pasos, en Portugalete.

Son las doce del mediodía. Emprendemos la subida a la colina en cuya cumbre está enclavado el fuerte de San Roque. Pronto divisamos una especie de barracón. El antiguo fuerte ha sido convertido en un cobertizo o refugio, en donde se cobijan más de 27 familias, unas 150 personas, obreros sin trabajo, mendigos habituales, gentes sin hogar y sin pan. Su construcción y dimensiones le dan el aspecto de una kabila rifeña. Nadie podría sospechar que el antiguo fuerte cubierto con tablas pueda albergar a tantas familias.

Hemos coronado nuestro camino. Un fuerte olor a cierto almizcle y excrementos nos da en las narices. No podemos contener un gesto de repugnancia.

Ante nosotros vemos un hueco que da entrada a las viviendas. De pie, en el umbral, una mujer de aspecto humilde nos observa con curiosidad. Al enterarse que venimos a informarnos, nos dice:

— Pasen, pasen ustedes. No es la primera vez que vienen Comisiones, aunque sin ningún resultado hasta la fecha.

Transponemos la entrada. Nuestros pies vacilan sobre los accidentes del suelo. Hay una especie de alfombra de papel que cubre la tierra para que ésta no se desparrame por el interior de la vivienda. Observamos los huecos. Las habitaciones están separadas unas de otras por tabla y papel. A pesar de los esfuerzos que se notan para limpiarlas, su aspecto no puede ser más sangriento. Unos cuantos camastros sucios en el fondo.

Iniciamos la salida.

—¡Ah! Pero esto es un lujo en comparación con lo que ustedes van a ver ahora. Vayan, vayan a las habitaciones de Francisco Martos y su familia —nos dice nuestra interlocutora.

Allí nos dirigimos, atendiendo sus indicaciones. Subimos por una escalera empinadísima. Por debajo de ella —nos dice nuestro acompañante— pasa la cañería del retrete.

En verdad, no hacía falta la explicación. Sus olores son harto elocuentes.

Entramos por un corredor obscuro que conduce al hueco que ocupan dos matrimonios cuyos cabezas de familia son padre e hijo, respectivamente: Francisco Martos y Aurora Oliveros, con cinco hijos, todos ellos de corta edad, más el hijo mayor de este matrimonio, casado, que tiene la cama conyugal en la misma pieza, ligeramente separada por algunas tablas y papel y que, pese a la intención de quienes las colocaron, sus boquetes y rendijas indiscretos continúan atentando el pudor d ambos matrimonios.

Iniciamos la conversación. Nos habla Aurora Oliveros.

—¿. . .?

— Ya ven ustedes el aspecto miserable de nuestra vivienda. Pues bien, a pesar de cuantos esfuerzos hacemos —en estos momentos estaba fregando las tablas—, no se pueden ustedes imaginar la cantidad de piojos que hay aquí. No podemos impedirlo, pues vienen de las otras habitaciones. Las mujeres del lavadero están indignadísimas, aunque reconocen que no tenemos nosotros la culpa, y dicen que van a impedir que bajemos a lavar la ropa porque las contagiemos de miseria. No tenemos agua. Miren el hornillo donde hacemos la comida. Muchas veces, cuando llueve, el agua y el viento que entra por todas partes, nos arroja los cacharros y comida al suelo. 





Tuberculosos que padecen accesos y vómitos de sangre

Habla ahora el compañero Martos.— En otras habitaciones, de aspecto tanto o más miserable, viven Escola, Bernarda de los Santos, Barril, Gregoria, “la Navarrilla” y muchos más. Por debajo de la tabla entra el viento con furor. Esto está lleno de ratas, de enormes proporciones… Parecen gatos por su tamaño. Al hijo de Barril le ha mordido en una mano una de estas ratas.

—Suele haber a veces —prosigue— numerosos enfermos, muchos de ellos de enfermedades contagiosas. En la actualidad hay algunos tuberculosos, que padecen accesos y vómitos de sangre. Tampoco los retretes tienen agua.

He aquí lo que hemos escuchado y presenciado. Más de 27 familias, unas 150 personas, viven hacinadas como bestias en inmundas pocilgas infectadas y malolientes, en el fuerte de San Roque, conocido por Abisinia. Carecen de lo más elemental: de agua. Hay goteras los días lluviosos, penetra el viento por todas partes; los olores son insoportables, abundan los piojos y enormes ratas hambrientas, que clavan sus repugnantes colmillos en las carnes famélicas y doloridas de estas pobres gentes... Hay enfermos de tuberculosis que sufren vómitos de sangre.

Es preciso acabar con tanta vergüenza, miseria y dolor, señores munícipes, señor inspector de Sanidad. Giren una visita por allí y comprobarán lo que decimos.

Hay que habilitar viviendas adecuadas. Lo reclaman las familias del fuerte de San Roque. Hay que desalojar esas pocilgas, que pueden ser el foco de una epidemia.

¡Lo exige el pueblo de Portugalete!

Sí, señores munícipes de Portugalete y señor inspector de Sanidad; esto es lo que hemos presenciado con nuestros propios ojos. Con nuestra presencia física hemos podido comprobar la razón que asiste al vecindario cuando tan reiteradamente da pruebas patentes de indignación y protesta. Pocas veces, sí, hemos contemplado con el ánimo tan soliviantado unos seres humanos que arrastran su existencia mísera de parias de una manera tan inhumana y patética. Cuanto podamos decir resultará pálida ante la realidad, aunque no se nos oculta que, quizás no faltarán gentes que tratarán de disipar esta pesadilla de mal gusto que pone tintes sombríos en el rosado y primaveral paisaje de quien disfruta una vida reposada, plácida y risueña, atribuyéndola a algo novelesco, producto de la fantasía de pobres alucinados.

Sin embargo, nada más cierto y real. Y nada más cierto, también, que no conseguiríamos reflejar esta realidad en sus patéticas conmovedoras e indignantes proporciones aunque poseyéramos todo el vigor descriptivo y toda la fuerza narrativa de la más exuberante imaginación.

Nada más fácilmente comprobable, empero, que lo que vamos a poner en conocimiento de nuestros lectores.

euskadi roja


ORGANO en EUSKADI del PARTIDO COMUNISTA (S.E. de I.C.)
 PORTAVOZ de los SINDICATOS REVOLUCIONARIOS
Año IV, San Sebastián, 4 Abril 1936  Segunda época  nº 20





lunes, 14 de agosto de 2017

domingo, 13 de agosto de 2017

FESTEJOS TAURINOS EN EL SIGLO XIX  




Las noticias sobre corridas de toros en esta centuria empiezan con las que tuvieron lugar en septiembre de 1806, con motivo de los festejos para celebrar por el nombramiento de D. Justo Salcedo y Arauco. Uno de ellos era una corrida de toros, lidiándose en plaza cerrada, mañana y tarde, toritos navarros, y novillos del Payés, por diestros lidiadores, sin que se picasen ni matasen en ella.

Otras a destacar podrían ser la de 1823, para celebrar la caída del Gobierno Liberal del Trienio Constitucional (1820-1823), en honor de Fernando VII, en 1852 siguiendo un oficio del Gobernador Civil y en el programa de festejos de 1862, como era habitual dedicado a los bañistas que habían acudido a la Villa durante aquel verano, figuraba una corrida de toros.

En la última década del siglo, en 1891, vemos que los novillos se
corrían durante las fiestas de agosto, cerrando la plaza. En 1892, diez años después de que en Bilbao se inaugurara la Plaza de Toros de Vista Alegre”, el 13 de agosto de 1882, Bautista Manteca solicitó al ayuntamiento autorización para la construcción de una con el mismo nombre en un terreno de su propiedad conocido por “Vista Alegre”, que con un diámetro de 37,60 m. tendría un aforo superior a 5.000 espectadores.

En otros documentos encontramos que el 8 de agosto de 1895, D. Gabino de Urrutia, ganadero de Reses Bravas de Orozco ofreció precio por el novillo que había de lidiarse en los dos días de fiesta, cobrando la “merecible cifra de 90 pts. por los dos días”, que según él era el precio corriente, indicando que el novillo llegaría dos jornadas antes, con el fin de que se alimentase y descansase del viaje, y así pudiese dar más juego.

Como los novillos no pudieron lidiarse, el esperado ganadero, con fecha de 16 de agosto del mismo año, se disculpaba ante el Alcalde, explicando: “A llegada a ésta, del muchacho que mandé ahí, con objeto de que recogiese el novillo de Santurce, y lo pusiese a disposición de Vd. me he enterado de todo lo ocurrido, teniendo que lamentar lo sucedido y el concepto nada favorable que les había merecido, origen solamente de la poca o ninguna formalidad del Ayuntamiento de Santurce; o de la persona a quien encomendé el pedido. Aunque comprendo que esto no me disculpa con Vd. como había tenido ocasión de ver el pedido que por escrito nos hizo del novillo, la persona encargada para ello por el Ayuntamiento de Santurce, el que sin consideración alguna, ni tener en cuenta el conflicto en que yo me veía con respecto a ese Ayuntamiento, se negó a hacer entrega del él, como era razonable”.

Pese a esta espantada, el Ayuntamiento no lo toma en cuenta, y se le vuelven a contratar los novillos del año siguiente tomando todas las garantías para que no sucediese el mismo error. Sin embargo el resultado debió de ser malo, ya que el ganadero se excusa por carta de 11 de agosto, alegando que los toros del país carecían de la suficiente bravura.

Este resumen de los festejos taurinos durante el siglo XIX lo hemos sacado del trabajo de Ricardo Ruiz Menchaca y Roberto Hernandez Gallejones, que se puede consultar en la Biblioteca digital Portugaluja, La fiesta de los toros en Portugalete.

También se puede completar con otras entradas de este blog, como la que se refiere a la inauguración de la plaza de toros.






jueves, 10 de agosto de 2017

RIÑA ENTRE PORTUGALUJAS EN EL AÑO DE 1839






El suceso habitual entre vecinos que recogemos hoy, como es una riña entre mujeres, todo un sainete costumbrista portugalujo, puede ser relevante por el gracejo que destila y las expresiones utilizadas.

Siguiendo las actas que se conservan en el Archivo Histórico Municipal vemos, según declararon los testigos, que todo empezó la mañana del día 28 de julio de 1839.

La joven Juliana de Eguía había ido a la casa de Ramona de Paguaba, esposa de Bonifacio de Madariaga, que vivía en el nº 11 de la calle Santa María, según ella a reclamarle una deuda, siendo recibida con un “¿qué traes tú?”, a lo que ella contestó: “ya sabe vuestra merced lo que traigo”. La esposa de Bonifacio le replicó: “diez cuartos vienes a buscar, ya me has robado tú que esa (sic) ladrona”. La joven la soltó que se lo dijese en la calle, si tenía valor para ello. Ramona le contestó, “como no tienes vergüenza revolvedora, como he parido de un sargento de Zaragoza, por eso me lo dice vuestra merced, y me ha marcado la cara el marido por eso”. Al salir Juliana fuera (insistía en que Ramona había dado a luz a consecuencia de su relación con un sargento de Zaragoza) esta insistió, “quítate de ahí, revolvedora”.

Ya de noche al pasar por la puerta de Bonifacio, según Juliana, oyó que Ramona hablaba con un tal Iglesias, en estos términos: “tiene vuestra merced el alojamiento mejor de Portugalete, Cascalajarra le pondrá buena cama, vuestra merced ya se dormirá con Cascalajarra”. (Cascalajarra era cuñada de Juliana).

Como Iglesias le contestó que no, ella siguió: “Muy desentendido se hace vuestra merced, cuidado que Cascalajarra es muy ladrona, que a mí me robó un jarro, mire que es muy pícara” y a continuación dirigiéndose a su marido le dijo “mira cómo me ha tratado a mí la cuñada, esa puta”.

Entonces Juliana intervino: “usted es la puta que ha parido de un sargento”. Visiblemente enfadado por esas expresiones, Bonifacio “saltó por el tablero de su tienda para pegarla”, mientras su cónyuge le animaba con “pégala a esa reputa, mátala”.

Juliana salió corriendo, metiéndose en la tienda de la casa de Leona de Arzallos, en donde el exasperado portugalujo comenzó a insultarle para que saliera fuera. Inmediatamente llegó su mujer repitiendo las mismas injurias que antes había proferido, contestándola la joven con el asunto del sargento.

El tema acabó en pleito, celebrándose un acto de conciliación en el ayuntamiento, el 6 de agosto, ante el regidor decano constitucional por enfermedad del alcalde, compareciendo Bonifacio de Madariaga en compañía de su esposa Ramona de Paguaba, y de otro lado Juan de Eguía, padre de Juliana, en su representación al ser ésta menor de 25 años.

A falta de pruebas y desconociéndose además “las circunstancias que pudo haber en las relaciones” entre las partes, tratándose de “un asunto tan indecoroso” el regidor consideró que no podría “recaer fallo con acierto”, por lo cual decidió amonestarles, aconsejándoles que sometiesen el litigio ante hombres buenos o “amigables componedores”. De todas formas la autoridad municipal les apercibió para que en el futuro no se volviesen a repetir semejantes escándalos, y en el caso de que se produjesen, se tomarían de oficio las providencias prescritas por la ley para evitarlos.

Además, con ánimo de que tales asuntos no trascendiesen, intentó tranquilizar a los litigantes, consiguiendo por último que Juliana se retractase de las expresiones injuriosas que le había dirigido a Ramona, y que manifestase que la consideraba como una mujer honrada y de buena conducta. Su progenitor afirmó lo mismo. Además olvidarían las palabras dirigidas por Ramona contra ellos. Ambas familias dijeron que se había tratado de un acaloramiento, y que en lo sucesivo se comportarían con el debido respeto, lo mismo en privado que públicamente.


Roberto Hernández Gallejones
El artículo completo se puede consultar en
biblioteca digital portugaluja "el mareómetro" 

miércoles, 9 de agosto de 2017

LA PRIMERA MAESTRA EN PORTUGALETE: 1853






El año 1853 se recuerda en la historia portugaluja, como el año que la Villa levantó el magnífico edificio para escuelas públicas de primera enseñanza del Campo de la Iglesia, proyectado por el arquitecto Francisco de Orueta.

Nosotros hoy queremos fijarnos en un hecho importante en la historia de la mujer de nuestra Villa como fue que por primera vez se nombró a una maestra, aunque fuera para impartir clases exclusivamente a chicas y con un sueldo inferior al del maestro.  Tampoco debemos olvidar que la enseñanza a las chicas, según un decreto de 1825, se debía centrar en las labores propias de sus sexo, a saber: hacer calceta, cortar y coser las ropas comunes de uso, bordar y hacer encajes u otras que suelen enseñarse a las niñas.
Seguimos las investigaciones de Roberto Hernández Gallejones y Jaime Villaluenga que nos sitúan en aquellos años de primera mitad del siglo XIX. Había un solo maestro, José García, que proviniendo de Santurce se hizo cargo de la plaza en diciembre de 1832 con el sueldo de 3.300 reales anuales. A la escuela, para ambos sexos, acudían 70 niños y 40 niñas. El fue el último maestro que además de encargarse de la enseñanza se encargaba de otros menesteres como el correo, cuidado del reloj de la torre o tocar las campanas. En 1847 todas estas funciones distintas al magisterio fueron prohibidas por el gobierno de Vizcaya.

Aunque un decreto de Carlos III, permitía crear escuelas para niñas desde de 1783, fue en marzo de 1853 cuando se empezó a estudiar a nivel provincial la creación de escuelas de niñas para los pueblos que pudieran mantenerlas. Portugalete juzgó el proyecto interesante y a finales de mes la corporación y los mayores contribuyentes decidieron crear esta escuela a cuya maestra se abonarían 2.200 reales: 1.800 de los fondos municipales y 400 aportados por las familias. La enseñanza se impartiría hasta los 16 años y tendría carácter gratuito para las niñas catalogadas como pobres, mientras que el resto debería abonar a partir de los 13 años la totalidad del coste de la enseñanza.

El 6 de junio de 1853 se inaugura el edificio “de nueva construcción, destinado a escuelas públicas de niños y niñas, con habitaciones para maestro y maestra, situado en el llamado Campo de la Iglesia” y el 3 de Septiembre se aprueba el nombramiento de Cándida de Esparza y Urioste como maestra interina (hasta que la interesada reuniera los requisitos necesarios para obtener la plaza en propiedad), aunque algunos concejales se habían mostrado partidarios de la adjudicación por el sistema de oposición

El sueldo de la maestra, que por Real Decreto estaba establecido que fuera una tercera parte menor que el del hombre, se fue aumentando con el paso del tiempo, pero según la queja del maestro era una dotación por cierto bien mezquina atendido el mucho trabajo” que conllevaba.

Esta primera maestra de la que en la Villa tenemos noticias, dimitió de su puesto por razones de salud en julio de 1857. En su lugar se nombró a Antolina Yarza, natural de la villa, con el mismo sueldo. A finales de ese año, y tras 25 años de servicio, el maestro José García se retiró con derecho a jubilación a cargo del municipio, aunque para acceder a esta situación hubo de presentar un informe médico que certificaba su enfermedad e incapacidad para seguir ejerciendo

martes, 8 de agosto de 2017

LAS HIJAS DE MARIA EN LA POSGUERRA




En los años de posguerra con el auge del nacional catolicismo y

en la Villa bajo la figura de Monseñor Chopitea, florecieron numerosas asociaciones religiosas en torno al ámbito parroquial. 

Esta foto del archivo familiar Garitaonandía Adan, se refiere a las Hijas de María, con la bandera que hemos separado junto a estas líneas y donde nos indica los nombres de las que aparecen: Mertxe Adan, Karmele Lángara, Manolo el sacristán, Tere Salgado, Mertxe López, Ameli R. Madariaga, Mari Ángeles Angulo y “la sacristana”.

lunes, 7 de agosto de 2017

LAS BLASFEMIAS Y EL PODER DE LA IGLESIA A TRAVES DE UNA ANECDOTA DEL SIGLO XIX


Formando parte de la historia social y costumbrista de la Villa, está el hábito de proferir blasfemias, por lo que esta anécdota, fechada en la mitad del siglo XIX, nos lo recuerda mostrándonos además el poder de la Iglesia en la sociedad portugaluja de aquella época.

Sucedió en la tienda de Martina de Larrazábal, en el Cantón de la Carnicería (actual calle Salcedo), donde estaban la criada de dicha señora, María Jesús de Suárez, y Pedro de Carranza. Serían las 8½ de la mañana, repicando a misa “la campana de la ermita llamada del Santo Cristo del Portal”, cuando ellas le preguntaron a él con cierta acritud “a ver qué hacía allí” a lo que respondió “a ver si no podía estar allí”. Le indicaron que la misa era “a cuenta de las votaciones”, y entonces sin saber quién era el sacerdote que la celebraba, les contestó en forma cruda y desabrida “que se cagaba (sic) en la misa y quien la decía”. Al ser reprendido por palabras tan gruesas, para que tuviese más consideración con las personas “que eran los sacerdotes”, replicó que “se cagaba (sic) en todos y en las coronas”.

Enterado Telesforo de Balparda presbítero y cura beneficiado de Santa María que era quien hacía la misa, le demandó pues consideraba que lo sucedido era un “hecho criminal, sacrílego y escandaloso, que ultrajaba y vituperaba en sumo grado, primero el misterio más tremendo de nuestra sacrosanta religión, como es el incruento sacrificio de la misa, y segundo, a sus dignos ministros...” solicitando el castigo prescrito para tales delitos.

En el juicio de conciliación celebrado en la Casa Consistorial el 13 de noviembre de 1858, acompañadas ambas partes por sus hombres buenos, que procuraron conciliar extremos y limar asperezas, convinieron en que Pedro de Carranza estaría 15 días recluido en la Casa Consistorial. Tras estos días tendría que acudir ante el vicario eclesiástico, y ante el cura de la parroquia, que eran los dos únicos párrocos de la Villa, y así como a la tienda de Martina de Larrazábal a pedir perdón por su actitud y por las expresiones injuriosas vertidas, y además en presencia de las referidas mujeres, quedando además apercibido para lo sucesivo.



Roberto Hernández Gallejones
El artículo completo se puede leer en la






domingo, 6 de agosto de 2017

EL CONTRABANDO EN LA HISTORIA DE LA VILLA: UN CASO EN EL SIGLO XIX






El contrabando en una villa portuaria como Portugalete fue algo habitual a lo largo de su historia y así lo recogió Zunzunegui en sus novelas y recuerdos. Como muestra recogemos este caso que terminó en juicio en 1847 y que relatamos siguiendo las actas del mismo.

Todo empezó el 9 de noviembre cuando se hallaba anclada en la ría la goleta SOTERA cuyo capitán era Tomás Antonio de Goitia, y Ceferino de Urizar, en compañía del celador de arbitrios y del médico fueron en una lancha hasta ella. Tras los trámites habituales a su oficio (una especie de policía de aduanas del mar) al despedirse el citado capitán le pidió al primero de ellos “que le llevase por favor, bajo la capa que tenía puesta, a su casa un fardito. A lo que le respondió que siempre que fuese cosa de contrabando, que no se determinaba a llevarlo, por cuanto era un empleado y como tal no quería comprometerse”. Goitia le dijo que no se preocupase aunque fuese contrabando, “por tener amistad con el sargento del resguardo”, que no le cobraría nada por pasarlo.

Estando así las cosas Urízar decidió saltar a tierra con el capitán del buque y el celador. Poco después de salir del barco, les dio alto el resguardo, y “preguntando qué era lo que contenía el fardo que llevaba”, Goitia repuso que era de su propiedad, y que no llevaba en su interior nada más que 8 ó 10 vestidos para su esposa y sus cuñadas. El guarda o resguardo decomisó el paquete, dando parte de ello, por lo que entonces intentó sobornarle con 24 duros, para que no llegase a oídos de los dueños, Mier, Ybarra y Compañía, proposición que no fue aceptada por el guardia, llevando el paquete a su caseta. Acto seguido el sargento mandó llamar al alcalde para informarle de todos estos hechos y este mandó al alguacil, incoándose un expediente por el que se le condenó con una multa de 701 reales.

El caso siguió adelante y ya el 14 de enero tuvo lugar un acto de conciliación en la Casa Consistorial ante el alcalde Pedro de la Bodega, que en aquella época poseía atribuciones de juez de paz, comparecieron el señor Urízar, y el señor Goitia, con su hombre bueno Telesforo de Balparda, todos vecinos de la villa, sin llegar a un acuerdo.

Con posterioridad, tras ciertos tiras y aflojas, pues Urizar se sentía engañado ante una actuación de mala fe, se convino en que Goitia le pagase 320 reales, sin que pudiese argumentar más derecho para otra reclamación. Se dejó constancia por escrito de todo el litigio, firmando la totalidad de las personas intervinientes en dicho juicio.  

Roberto Hernández Gallejones

El artículo original completo se puede leer en la




jueves, 3 de agosto de 2017

EL ANTIGUO RETABLO DE LA INMACULADA DE LA BASILICA EN SANTA ANA DE LAS ARENAS




 En este blog Txomin Bereciartua nos comentó cómo durante la restauración de la Basílica y por iniciativa suya, el retablo neogótico de la Inmaculada había pasado la ría y presidía el altar de la ermita de Santa Ana de Las Arenas.

Hoy José Luis Garaizabal para que lo documentemos gráficamente, nos envía una foto de su situación actual en Santa Ana que le ha enviado Karla Llanos, a la que juntamos una antigua de cuando estaba en Santa María de Miguel Angel Casado, del libro PORTUGALETE. Fotografías de su pasado religioso. Tomo I, que editara la Asociación de Amigos de la Basílica, y que no tuvo continuidad en un segundo tomo.

El citado retablo que estaba en la capilla anexa a la entrada a la sacristía, y que quizás fue la primera que se construyó, fue sufragado a principios del siglo pasado por Félix Chávarri y su esposa Angela Mier. Neogótico y de escasa calidad, al ocupar la capilla hizo que a ésta se la conociera como de la Inmaculada. Con la última restauración se colocó allí el actual que antes había estado cubriendo el sepulcro de Salazar con la imagen de la Dolorosa.


miércoles, 2 de agosto de 2017

EL PASAJE DE LA RIA EN LOS AÑOS 40 DEL SIGLO XIX






Por el AHMP tenemos noticias de este servicio a mitad del siglo XIX con motivo de los expedientes de remate del arriendo del barco de las anteiglesias de Getxo, Berango y Lejona, al que se presentaban un “un número crecido de concurrentes, al parecer licitadores...” y que fue otorgado a favor de José Ignacio de Egusquiza.

Los portugalujos que disponían de pequeñas lanchas y embarcaciones menores pasaban también ocasionalmente gente, y sobre todo cuando se celebraban romerías o festejos en los pueblos de la otra orilla, por lo que Egusquiza se quejó a nuestra corporación al considerarlo competencia desleal, sin someterse a ningún remate y con embarcaciones que no presentaban las características adecuadas para desempeñar tal servicio.

El ofrecía abonar a la “caja común de la Villa anualmente 300 reales, pasando la gente de la misma por cuatro maravedíes cada persona y otros tantos por cada carga de colada, y dos reales por cada caballería en horas regulares, esto es desde que salga el sol hasta que se ponga, según costumbre anterior, con la circunstancia de que V.S. prive dedicar en tal ejercicio a sus vecinos y residentes”.

La Corporación decidió que se debía llegar a un acuerdo con el citado barquero, aunque en aquel momento no se dedicaba al tránsito del corte de la Ría más que “una canoa” de carácter particular y entre las condiciones que propuso estaba que el responsable del servicio no podría dejar transcurrir más de media hora de una “pasada a otra, y tratase a los pasajeros con el mayor agrado, ayudando a embarcar y desembarcar a los mismos, igualmente que a los ganados y cargas que conduzcan”.

Las tarifas que establecieron indican que además de las personas pasaban caballería mayor “con silla” u otros aparejos, ganado vacuno, lanar, cabrío y de cerda, así como carradas de leña, carbón y otros géneros o fanegas de todo grano o legumbres, y toda otra clase de carga que conducen las personas sobre sí en sacos y cestos, sin conceptuarse por tal carga, ni estar sujetos al pago los líos de ropa y demás frioleras que conducen las gentes en pañuelos o maletitas con diferentes objetos”.

El citado botero tenía muy mal comportamiento con sus clientes, tal como lo indica la queja que puso el cónsul británico de Vizcaya y que corroboró el Comandante de carabineros de Portugalete. El súbdito de su Graciosa Majestad que entonces residía en la Villa, manifestaba que había sido continuamente insultado por el referido paisano, “y hasta el extremo de amenazarle con ademanes que indicaban quererle pegar, por lo que deseaba se le amonestase por su conducta....”. El demandante añadía además que el injuriante era de “carácter díscolo, pendenciero y provocativo...”.



Esta entrada está basada en uno de los artículos del trabajo APROXIMACION A LA HISTORIA DE PORTUGALETE, Temas diversos, de Roberto Hernández Gallejones, con destino al próximo libro de la Colección El Mareómetro Crónica de la historia de Portugalete. Siglo XIX.






martes, 1 de agosto de 2017

ELECCIONES NO DEMOCRATICAS DE CONCEJALES (1958 – 1974)




En estos años se convocaron elecciones solo para concejales porque el alcalde era designado por el Ministerio de la Gobernación. Los concejales se elegían formando tres grupos, supuestos representantes de los distintos sectores de la población.

Cuatro concejales representarían a los cabezas de familia.

¿Quién podía ser candidato por el tercio de cabezas de familia? Entre otras condiciones tenía que cumplir una de estas tres:

1.- Haber sido concejal en el mismo municipio;

2.- Ser propuesto por dos procuradores en Cortes o por tres diputados provinciales o por cuatro concejales;

3.- Ser propuesto por la vigésima parte de los cabezas de familia del censo electoral.

Cuatro concejales tenían que representar a las organizaciones sindicales encuadradas en el Sindicato Vertical. Y los otros cuatro correspondían a las entidades económicas, culturales y profesionales del municipio.

El gobernador proponía una lista de candidatos en número igual o superior a 12, entre los que los 8 concejales de los dos grupos anteriores elegían a cuatro.

El 21 de diciembre de 1951 el Ministerio de la Gobernación había sustituido al alcalde Miguel Loredo Viguera por Julián Bayo Vellés, que fue elegido en 1955 diputado provincial en representación de los ayuntamientos del distrito. Estuvo 14 años en la alcaldía, más que ningún otro.

En febrero de 1965 Julián Bayo Vellés dimitió poniendo como razón el excesivo trabajo que le suponía llevar adelante todos los asuntos municipales.

El ministerio de la Gobernación nombró el 30 de mayo como nuevo alcalde a José Manuel Esparza Mangirón. El gobernador vino a Portugalete para recibir su juramento y le dedicó estas palabras:

 “Le felicito y pongo de relieve sus dotes religiosas, patrióticas, humanas y de espíritu de servicio que le han hecho acreedor a este cargo, tan difícil por los muchos y graves problemas de todo orden (aguas, urbanizaciones, enseñanza, alumbrado, etc) que tiene planteados este municipio por el incesante crecimiento de su población…”

En mayo de 1968 fueron cesados por el gobernador de su cargo de concejal Antonio Guantes Montero y Manuel Fernández Berriochoa por no asistir al pleno municipal a nueve y diez sesiones respectivamente en 1967 sin causa justificada. En octubre dimitió de su cargo el concejal Elías Gregorio de Insausti por obligaciones profesionales y familiares. Pero su dimisión no fue aceptada porque en 1970 el gobernador le cesó por faltar a once sesiones y a  Santiago Fernández Muñoz por diez.

Destaco una de la irregularidades que se produjeron en las elecciones del 17 de noviembre de 1970 y denunciada por la Asociación de Familias. Esta impugnó la elección de los dos concejales electos por el tercio familiar: Telesforo Arribas Varas y José Maria Miravalles Uribarrena, este último secretario del Consejo Local del Movimiento y presidente de la Agrupación General de Cabezas de Familia que estaba dentro del citado Consejo. Habían obtenido 3.065 y 3.033 votos respectivamente.

El 19 de noviembre el procurador José María Bartau Morales promovió un recurso contencioso administrativo en representación de Antonio Reyes Iturmendi, Pedro Luis Escapa Viejo, María de los Angeles Simón Castro y Amador Villanueva Sáinz contra esa elección por estas razones que demostraban su ilegalidad: La publicidad de su candidatura se había hecho a nombre de los dos citados, se apoyaba en el organismo Agrupación General de Cabezas de Familia, les adjudicaba méritos de obras realizadas por el Ayuntamiento, etc.

Los miembros de la Asociación de Familias presentaron la denuncia a la Junta Municipal del Censo Electoral compuesta por el juez Pedro Zorrozua Escudero, los vocales José Casla Verano y Pedro Amorrortu Bicarregui (concejal) y un secretario (firma ilegible). Esta Junta acordó no tomar en consideración la denuncia porque no se aportaban pruebas y sólo podían reclamar los candidatos o sus apoderados. Además los denunciantes no habían votado y no tenían derecho a reclamar nada. La Junta proclamó concejales electos a los dos impugnados.

El 21 de diciembre la Sala de lo Contencioso-administrativo estimó el recurso de la Asociación Familias, dejó sin efecto el acuerdo de la Junta y le ordenó que proclamase concejales a los dos candidatos siguientes en votos: Felipe Llorca Zuazo (practicante) y Armando Zuazola Lejardi, con 1.696 y 965 votos respectivamente. Los siguientes eran Daniel Castresana Fernández de la Torre, Ignacio Fernández Sevilla y José González Casal.

El 12 de febrero de 1975 José Manuel Esparza alcalde, jefe local del Movimiento, diputado provincial, procurador en Cortes y consejero provincial del Movimiento, falleció, después de una larga enfermedad.

Después de unos meses de interinidad en los que Casimiro Ramón Esesumaga ocupó el cargo accidentalmente, el Ministerio nombró alcalde al concejal Pedro Michelena Llano el 29 de julio. El gobernador asistió a su toma de posesión. Michelena terminó la sesión con gritos de lealtad al Jefe del Estado, Príncipe de España, Presidente del Gobierno, Ministro de la Gobernación y “Vivas a España”.

Tasio Munarriz