martes, 6 de marzo de 2018

NUEVA APORTACION A LA BIOGRAFIA DEL INDIANO MANUEL CALVO




 Hemos recogido en la Biblioteca Digital Portugaluja, el trabajo titulado El liderazgo de Manuel Calvo y Aguirre:entre el Partido Español y los vasco-navarros de Cuba, obra de los historiadores Juan Bosco Amores Carredano y Jon Ander Ramos Martínez.

Jon Ander es el mayor conocedor de la figura del indiano del HOTEL, y ya recogimos con anterioridad dos estudios como fueron Manuel Calvo y Aguirre: De Portugaletea La Habana pasando por Madrid (1817-1904) y Dineros de América: Manuel Calvo y la Casa de los Pobres dePortugalete (1871), este último en colaboración con Ana Isabel Ugalde Gorostiza

En este trabajo que hoy presentamos empiezan explicando cómo gracias a la historiadora cubana Carmen Barcia y a la documentación conservada en el Archivo Nacional de Cuba se conoce la carrera de Manuel Calvo en Cuba, a donde llegó en 1833, con apenas 17 años, para trabajar como dependiente en una ferretería de su tío Juan Calvo, y tras haberle reclamado éste según la carta que recogemos sobre la foto de la fachada del Hotel bajo la desaparecida placa en su recuerdo.

Empiezan describiendo su carrera, dando por hecho que debía de reunir buenas condiciones personales pues a finales de los años treinta, estaba ya vinculado a Antonio López en el comercio en Santiago de Cuba, donde éste comenzó a hacer fortuna y a comienzos de la década siguiente actuaba ya por su cuenta en el comercio de cabotaje y como prestamista, con un vapor de su propiedad, el Cubano, navegaba por los ríos de la región de Pinar del Río,

A finales de esa década, reedificó la casa que poseía en la Calzada del Monte esquina a Ángeles, uno de los primeros barrios residenciales de La Habana y fundó en 1848 junto con Antonio López una Compañía de Navegación Trasatlántica, figurando luego como socio en otras tres que dieron cobertura a las actividades de transporte, comercio y navegación que venía realizando en la costa de Pinar del Río. En esa zona consiguió la concesión para construir, asociado a los herederos del famoso fabricante de tabaco Partagás, un puente sobre el río Hondo, por el que se transportaba hasta la costa una buena parte del tabaco del partido de Consolación del Sur, logrando posteriormente que el gobierno le autorizara a establecer en ese lugar un portazgo en arrendamiento para recuperar la inversión.

Al constituirse el Banco Español de La Habana en 1856, Calvo aparece como uno de los primeros accionistas, junto a todos los grandes hombres de negocios cubanos e hispano-cubanos que constituían entonces la élite económica y mercantil de la Isla. Era ya medio propietario de un ingenio en Sagua la Grande. En los primeros años de la década de 1860, además de una intensa actividad comercial aparece como dueño de un potrero de ganado en San José de las Lajas, cerca de La Habana. Esa finca será la base del ingenio Portugalete, fundado por Calvo en 1862-1863, donde trabajarían más de doscientos esclavos, al tiempo que construía los caminos desde el ingenio a la carretera central que comunicaba San José con La Habana.

Ya a fines de la década de 1850 ocupaba un puesto en la intendencia de hacienda como «aventajado», y a principios de la década siguiente trabajaba como auxiliar de la Secretaría de la Junta de Emancipados, donde probablemente actuó como un delegado de los intereses de los esclavistas cubanos que, en alianza con las autoridades, burlaron las ordenanzas sobre los emancipados para convertirlos, de hecho, en esclavos; por eso fue removido de ese puesto cuando el gobierno de la Unión Liberal promueve una política, ahora ya sí efectiva, de poner fin a la trata y de abolición gradual de la esclavitud.

Fue uno de los más activos miembros del Casino Español de La Habana-, que representaba al llamado "partido español", defensor a ultranza de la permanencia de Cuba en la monarquía. Entre 1868 y 1870 realizó intensas gestiones en Madrid ante los gobiernos del Sexenio revolucionario apoyando los intereses de los sectores empresariales proespañoles en Cuba.

Convertido ya en un potentado azucarero e insertado en el núcleo principal del grupo de hombres de negocios que aglutinó en la Isla a los defensores a ultranza del statu quo colonial, Calvo acabó sustituyendo en 1876 al poderoso grupo Samá y Sotolongo como consignatario en Cuba de la Compañía Trasatlántica de López mediante una nueva sociedad creada al 50% con él. Cinco años más tarde, las dos navieras de Calvo y de López, se funden en la Empresa de Vapores Correos Trasatlántico, quedando Calvo como vicepresidente.

En aquel mismo año de 1876, al constituirse el primer consejo de administración del Banco Hispano Colonial de la Isla de Cuba, sucesor y sustituto del Banco Español de La Habana, Calvo era ya uno de sus principales accionistas, confirmando así el éxito final de su carrera como gran hombre de negocios en la Isla. Ambos bancos eran entidades privadas pero al servicio y bajo la protección del gobierno cubano, en realidad el instrumento fundamental de financiación de la administración española en la Isla, pero también el medio de control de las relaciones coloniales.

Al iniciarse la actividad en Cuba de los partidos políticos, tras la primera guerra de independencia, en 1878, Calvo fue uno de los principales sostenedores del Partido Unión Constitucional que representaba a los partidarios de una "Cuba española", partido que dominaba en la práctica el gobierno de la isla. Cuando Cuba alcanzó su independencia, Calvo, ya octogenario, regresó a Portugalete

La fortuna de Calvo sirvió no sólo de alivio para toda la familia de origen, así como para nuestra Villa, donde hizo importantes inversiones, y para todas y cada una de las personas que le acompañaron en su vida.




5 comentarios:

  1. En Portugalete no se enteran de que a su socio Antonio Lopez por esclavista, le estan quitando la estatua.....

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  2. Y lo mismo había que hacer con el nombre de la calle Manuel Calvo.

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    1. Si siguiéramos tal ideario, más de la mitad de las calles de Portugalete quedarían sin nombre, empezando por la estatua de Lope García de Salazar. Y ya de paso, derribemos su torre, cruel cárcel en tiempos.
      No se puede juzgar la Historia con los ojos actuales. Porque no existe ni un solo hombre ni una sola mujer que haya sido perfecta.
      Por cierto, Antonio López contribuyó mucho a la modernización industrial y en el campo de las Artes de Barcelona. Todo hombre y toda mujer es el resultado de sus luces y sus sombras.
      Aitor González Gato

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  3. Si elimináramos del nomenclátor portugalujo los nombres de Manuel Calvo, Víctor Chávarri o Lope García de Salazar, por poner unos ejemplos, las calles no se quedarían sin nombre, sino que podrían recuperar sus denominaciones tradicionales, que un investigador como tú debería apreciar: esto es, muelle Viejo, calle del Medio y cantón de las Panaderas. Y conste que creo que Salazar tiene al menos un mérito artístico (la literatura) del que carecen por completo los otros dos. Lo que pasa es que sigue sin entenderse que los nombres de las calles, los monumentos, las placas conmemorativas, etc., son homenajes públicos, producto de decisiones políticas, en muchos casos tomadas de forma arbitraria por corporaciones caciquiles o indocumentadas.

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    1. ¿y quien tiene potestad para decidir qué nombres deben desaparecer y cuáles deben prevalecer? Nadie tiene esa potestad, salvo las corporaciones locales, que son, lógicamente, instituciones políticas. Tu sugerencia es tan subjetiva como podrían ser mis preferencias. Lo digo una vez más: no juzguemos la historia desde los ojos actuales, tal cosa es un absurdo. No existe un solo hombre ni una sola mujer perfecta; si no comprendemos algo tan básico, nadie merecería su nombre para ninguna de nuestras calles
      Aitor González

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